Al tomar decisiones, pesan más las emociones que la razón : Experto

7 de Junio de 2017

Al tomar decisiones, pesan más las emociones que la razón : Experto


* “La moral y las emociones en general pesan más al tomar una decisión que lo racional; la empatía es más efectiva que la capacidad de juicio”, afirmó Germán Pérez durante la conferencia que dictó en la Semana de Neurociencias de la UdeC.

Tal parece que la moral, las emociones y la venganza tienen más peso al momento de tomar decisiones, que la razón. Lo anterior lo demuestran una serie de experimentos realizados en la Universidad de Arizona, Estados Unidos, abordados por Germán Pérez Verduzco durante la Semana de Neurociencias que organizó la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima.

A través de la ponencia “Neuroeconomía: La ventana hacia nuestra irracionalidad”, Germán Pérez Verduzco explicó que ciertas áreas del cerebro relacionadas con la memoria de trabajo y reacciones viscerales como la ira, el dolor o placer, entre otras, se activan al momento de tomar ciertas decisiones; es decir, “la moral y las emociones en general pesan más al tomar una decisión que lo racional; la empatía es más efectiva que la capacidad de juicio”.

En un experimento realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Arizona colocaron a dos personas en cuartos distintos. A una de ellas le dieron cierta cantidad de dinero y le dijeron que podría quedarse con una gran parte siempre y cuando la segunda persona aceptara la cantidad que él decidiera. “Ninguno de los participantes compartió con el otro el 50 por ciento de lo que se les dio; por lo regular fue el 30 o 20 de la cantidad total”, comentó.

Pérez Verduzco compartió que se esperaría que el segundo participante aceptara el dinero partiendo de la idea de: “No tenía, ahora ya tengo algo”. Sin embargo, cuando se les dijo la cantidad total que se le había ofrecido al primero, la mayoría lo rechazó. No sucedió lo mismo cuando una computadora decidía qué cantidad de dinero le tocaba.

“¿Qué pasa en nuestro cerebro que, en situaciones iguales pero con diferentes planteamientos, optamos por soluciones distintas, si nuestras interacciones económicas no son tomadas todo el día por medio de una computadora?”, cuestionó.

En el primer caso (entre personas), se utilizó resonancia magnética funcional para ver qué áreas del cerebro se activaban, encontrando reacciones en tres regiones asociadas con el control de la racionalidad: el brazo lateral de la corteza prefrontal, donde se llevan a cabo el control cognitivo y la memoria del trabajo; la ínsula, encargada de las situaciones viscerales: ira, dolor, y la corteza singulada anterior, que se activa cuando existe un conflicto de motivaciones cognitivas y emocionales; esto significa, afirmó el expositor, que las reacciones no eran pensadas.

No sucedió lo mismo cuando cantidades similares las entregaba una computadora: “Esto no causó indignación sino que se activaron estructuras relacionadas con el placer. A través de la técnica de tomografía por emisión de positrones, se encontró actividad en el cuerpo estriado, área que se activa después de comer o de tener sexo; desde hace años se sabía que esta parte estaba involucrada en varias actividades, lo que no se sabía era que también estaba conectada con la venganza”.

En el primer caso, explicó, “podemos ver cómo existe el rechazo, mientras que en el segundo, el de la computadora, no, aunque la cantidad fuera la misma. Hay otro motivo por el cual el sujeto B prefiere quedarse sin dinero antes que aceptar una cantidad inferior a la del sujeto A, y es que se ha encontrado en estos estudios que castigar nos produce placer”.

En otro experimento, los participantes debieron tomar la decisión de sacrificar la vida de una persona para salvar a cinco del paso del tren, pero en dos situaciones distintas. En la primera se tenía que desviar el tren mediante una palanca hacia donde se encontraba la persona sola; en cambio, en el segundo, se tenía que empujar a la persona para impedir el paso del tren.

“En la primera situación, matar a una persona era totalmente razonable, pero en la segunda dijeron que no. ¿Por qué la respuesta es diferente si en ambos casos se tiene que matar a una persona? El hecho de empujar al hombre hace que la persona se sienta implicada en la decisión, en la otra dicen: ‘el tren ya venía, yo solo empuje la palanca’”, explicó Germán Pérez.

Esto se comprobó al observar los resultados obtenidos a través de la técnica por emisión de positrones. “En la parte del experimento donde se empuja al hombre, la corteza prefrontal ventromedial se activa (zona encargada de la toma de decisiones emocionales), mientras que vemos cómo algo que era racional (sólo la palanca), se convirtió en una situación moral porque ya estamos implicados”.

Estos experimentos, comentó el joven investigador, “demuestran que las personas somos más irracionales de lo que se cree. Somos vulnerables ante el lugar, las personas, la manera en que proponemos cosas y el escenario en que estamos para tomar una decisión”.

En este sentido, recomendó, “conviene subestimar nuestra objetividad; no hay que creer que somos tan duchos y tan pensantes; conviene saber que somos vulnerables ante estas decisiones y que la moral y las emociones en general pesan más al tomar una decisión”, finalizó.