Alfonso Durán, de Xalapa a China y de las artes a los idiomas

14 de Enero de 2020

Alfonso Durán, de Xalapa a China y de las artes a los idiomas


• Cursó licenciatura y posgrado en la Facultad de Idiomas de la UV

Karina de la Paz Reyes Díaz

10/01/2020, Xalapa, Ver.

Alfonso Durán Hernández quería ser artista plástico y siendo adolescente se apostó en el centro de Xalapa para vender su obra con la intención de recaudar recursos que le permitieran financiar los estudios profesionales, pero otro era el camino trazado para él: los idiomas. A la fecha domina el inglés y el francés; con el apoyo de aplicaciones móviles aprende el hebreo, ruso y turco; pero un encuentro especial ha sido con el chino mandarín, cuya caligrafía lo reencontró con el arte.

Sus habilidades lingüísticas lo llevaron al llamado gigante asiático, donde actualmente enseña español en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Chongqing (CQUST), en el marco de un convenio de colaboración entre ésta y la Universidad Veracruzana (UV), a través de la Dirección General de Relaciones Internacionales (DGRI) y la Escuela para Estudiantes Extranjeros (EEE).

Sus padres migraron de la sierra de Chiconquiaco-Misantla a esta la capital veracruzana, donde nacieron él (1987) y sus cinco hermanos. Desde que Alfonso tenía 12 años vivieron sólo con la madre, y ella, para lograr el sustento, se ha desempeñado en múltiples labores. Cabe decir que hasta la fecha no sabe leer ni escribir, pese a que desde niño Alfonso se ha ofrecido enseñarle.

“Gracias a ella soy lo que soy, porque me ha dado todo el apoyo moral”, enfatizó sobre su mamá, en entrevista para Universo.

Aunque una era la línea de vida prevista para Alfonso, dada su condición económica, siempre hubo otra que marcaba en realidad su andar y citó el libro que le ha inspirado a nunca abandonar sus aspiraciones: Bajo la rueda, de Herman Hesse.

Éste llegó a su vida de manera fortuita, pues en su casa no había libro alguno, salvo los de texto de la escuela y una Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para la clase de Civismo.

Fue en segundo grado de secundaria que el maestro le requirió una obra literaria para el “Círculo de lectura”. En las primeras sesiones logró engañarlo de que seguía la indicación, cuando en realidad era la Constitución lo que “leía”, una vez que el profesor se percató le dio un ultimátum para la siguiente sesión.

Llegó a casa, le relató el suceso a su madre y ésta le dio 20 pesos para que comprara lo que pudiera. Acudió a un supermercado y le llamó la atención la portada de uno: se trataba de una palomita en blanco y negro, como si fuera un carboncillo, y lo eligió porque compaginaba con su gusto por el dibujo.

“Lo tomé y vi el precio, valía justo 20 pesos. Me lo llevé. Yo no sabía ni quién era Herman Hesse, pero la historia me enganchó”, rememoró. “Se trata de un niño de 12 años que vivía en un pueblo, pero no quería terminar como todas las personas de ahí, quería seguir estudiando, le encantaba el conocimiento”.

Ya en la preparatoria su interés por la plástica fue mayor: “Estudié un tiempo en el Colegio Preparatorio de Xalapa, estaba fascinado y me encantaba entrar al paraninfo porque veía las pinturas. Estaba totalmente convencido de que quería estudiar artes, pero no pude hacerlo por cuestiones económicas”.

De trabajador a universitario

Alfonso no sólo tuvo la ilusión de ingresar a la Licenciatura en Artes Plásticas de la UV, en algún tiempo asistió a los Talleres Libres de Arte, pero tampoco fue costeable.

“De pronto, todos los días tenía que llevar papel bond o en una sesión se me acababan los acrílicos; es decir, un tiempo lo intenté, incluso me iba al Parque Juárez y hacía retratos para sacar dinero, pero me di cuenta que no era suficiente.”

Con un aparente desencanto renunció a estudiar Artes Plásticas y se incorporó al campo laboral –de mesero, garrotero, ayudante de cocina, lava trastes– mientras veía que sus compañeros de la preparatoria cursaban ya una carrera profesional. “Pero no, no quería eso, yo quería estudiar. Aunque nunca fui sobresaliente en la escuela, sabía lo que quería”, aclara con determinación.

Las condiciones económicas no le permitieron terminar sus estudios en el Colegio Preparatorio de Xalapa, por ello tiempo después logró concluir ese grado escolar en el Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios (CETIS) 134, ubicado en Banderilla.

En ese entonces, a los 19 años, cuando ya había desistido de estudiar Artes Plásticas, optó por inscribirse en el Centro de Idiomas de Xalapa (CIX), adonde acudía de 7:00 a 8:00 horas para incorporarse después al trabajo, esto le permitió convivir con estudiantes universitarios de diversas disciplinas –música y arquitectura, por ejemplo–, así como personas que ya se desempeñaban profesionalmente –entre ellos docentes.

Esa hora diaria de lunes a viernes la destinó al aprendizaje del inglés y a dibujar y pintar, porque eso hacía mientras la maestra impartía la clase.

En el CIX cursó cuatro ciclos, tiempo que le permitió decidirse y ahorrar para la ficha de ingreso a la Licenciatura en Lengua Inglesa de la UV. El resultado fue favorable y logró financiar sus estudios a través de la beca Programa Nacional de Becas para la Educación Superior, hoy llamada Manutención.

Alfonso obtuvo la beca desde el segundo semestre y con el primer monto recibido adquirió una bicicleta que se convirtió en su medio de transporte de la Unidad de Humanidades a su casa.

“Nunca antes me gustó el deporte, pero tuve que usar la bicicleta por necesidad. Con el Modelo Educativo Integral y Flexible (MEIF) tomas unas clases en la mañana y otras en la tarde, entonces lo que me ahorraba de pasaje lo usaba para comer ahí mismo, en la Unidad de Humanidades, y esperaba las otras clases. Ya en vacaciones también me ponía a trabajar y ahorraba para el siguiente semestre.”

Su gusto por los idiomas fue al alza y como muestra paralelamente a la de Lengua Inglesa, inició la Licenciatura en Lengua Francesa, pero logró sólo el 60 por ciento de los créditos.

Incluso, egresó de la primera carrera –con la tesis “Student’s perceptions of EFL teachers professional identity”– y durante un año cursó de manera paralela la segunda y la Maestría en Enseñanza del Inglés como Lengua Extranjera, en la misma Facultad, pero la exigencia del posgrado, que pertenece al Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, no le permitió seguir con ambas y dejó su segunda carrera inconclusa, aunque no descarta terminarla más adelante.

Fue en el último ciclo del posgrado que realizó una movilidad internacional en la Universidad Tecnológica de Sídney, Australia (febrero-julio 2016): “Para eso me tuve que aplicar, porque te pide un buen promedio y nivel de inglés, una certificación con un porcentaje alto”.

Una vez titulado de la maestría –con la tesis “The use of pictorial vocabulary activities to enhance student’s reading comprehension when Reading uterary texts”–, realizó un Diplomado en Didáctica del Español como Lengua Extranjera en la EEE de la UV.

Asimismo, se incorporó como profesor en el Departamento de Lenguas Extranjeras de la propia Facultad de Idiomas y posteriormente en el CIX, donde años antes inició su aprendizaje del idioma inglés.

Enseguida, realizó una Especialidad en Traducción e Interpretación en la Universidad Autónoma de Baja California, donde logró el grado con la investigación “Análisis de la traducción de mexicanismos del español al inglés en la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo (1955) y sus traducciones, 1959 y 1994”.

Cabe citar que en Baja California estudió y trabajó, pues aunque la especialidad también es parte del PNPC, las políticas de este organismo no permiten gozar de la beca cuando pasas de un grado mayor a uno menor.

“Algo de lo que me di cuenta es que caí en una buena disciplina, porque al lugar que vayas habrá escuelas donde enseñan inglés, entonces te pueden emplear; lo mismo pasa en otros países.”

Con tal mentalidad logró incorporarse como docente en el Centro de Idiomas de la Universidad de Baja California mientras cursaba la especialidad, además hizo un interinato en una preparatoria pública de allá.

China y el reencuentro con el trazo

Al término de su más reciente posgrado e incorporado nuevamente como docente del CIX, se interesó por la convocatoria emitida por la DGRI y la EEE para participar como aspirante a ser becario docente de español para extranjeros en la CQUST, en Chongqing, China, en el marco del convenio de colaboración entre ésta y la UV, durante el periodo septiembre 2020-junio 2021. Una vez postulado resultó favorecido.

Pero su historia con China y el mandarín no es reciente, se remonta a 2013, cuando inició sus estudios formales en el CIX con el maestro Xiāo Juàn Yì, quien lo motivó a adentrarse no sólo en el idioma sino en la cultura y la historia del país asiático.

“Como nos piden un tercer idioma en licenciatura, todo mundo opta por el francés y yo lo hice también, pero a la Facultad llegan muchos estudiantes de movilidad provenientes de China y varias veces conviví con ellos, sobre todo en las clases concernientes a español”, citó a manera de rememorar porqué se interesó en el país asiático.

Cuando inició sus clases de chino mandarín lo que más llamó su atención fue la caligrafía: “¡Es como hacer arte, se trata de hacer dibujos, son trazos!”.

Además, compartió: “Es como si aprendieras dos idiomas a la vez porque aprendes la escritura y el pinyin –sistema de transcripción fonética de la escritura china al alfabeto latino–; incluso, ayuda a tu aparato fonador para aprender más idiomas, porque tiene cuatro tonos y un quinto que es neutro, entonces cuando empiezas a aprender chino es como estar en clase de música”.

Alfonso adelantó su pretensión en un futuro próximo: ser traductor del español al chino y a la inversa, así como de éste al inglés.

Su actual estancia allá la aprovecha para aprender más del mandarín y no descarta hacer un doctorado en traducción, incluso ya identificó algunas instituciones de allá donde lo imparten; aunque también contempla postularse para el Doctorado en Investigación Educativa del Instituto de Investigaciones en Educación de la UV, donde recientemente se incorporó la Línea de Generación y Aplicación del Conocimiento “Investigación lingüística y didáctica de la traducción”.

“Quiero aprovechar esta oportunidad que no se da todos los días ni a todas las personas, pero es algo posible. Eso es algo que siempre digo a los estudiantes y a las personas que conozco: todo es posible, pero requiere de trabajo y esfuerzo, porque las cosas no llegan tan fácilmente. El estar en China es una bendición, una sonrisa de la vida.”

El universitario destacó el apoyo que ha recibido de muchas personas, como su directora de tesis de maestría, Gloria del Rocío Ibarguen Ramón, y de la titular de la EEE, Celia Contreras Asturias.