El programa “Pauta” de la UNAM, semillero de vocaciones científicas

6 de Marzo de 2018

El programa “Pauta” de la UNAM, semillero de vocaciones científicas


* En sus talleres, niñas, niños y jóvenes de nueve a 17 años desarrollan un calentador solar, una molécula antioxidante para atrapar radicales libres, un purificador de agua de lluvia, una diadema contra los movimientos involuntarios del Parkinson y una simulación de los patrones de vibración para entender esa enfermedad

* Desde 2007, el Programa Adopte un Talento, fundado en el Instituto de Ciencias Nucleares, acompaña y asesora a chicos con interés y habilidades para la ciencia

* En más de 10 años, PAUTA ha apoyado a más de 10 mil estudiantes, y actualmente cuenta con mil 557 alumnos en sus sedes de la Ciudad de México, Chiapas, Morelos y Michoacán

Un calentador solar hecho con materiales reciclables, una molécula antioxidante para atrapar radicales libres, un purificador de agua de lluvia, una diadema contra los movimientos involuntarios que causa el mal de Parkinson y una simulación de los patrones de vibración de esa enfermedad, son desarrollados por niñas, niños y jóvenes de nueve a 17 años de edad en los talleres del Programa Adopte un Talento (PAUTA).

Desde noviembre de 2007, este proyecto, ideado y desarrollado por un grupo de científicos y educadores del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN), el Instituto de Biotecnología (IBt) y la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM, acompaña a estudiantes con interés y habilidades para la ciencia, desde preescolar hasta preparatoria. Actualmente cuenta con mil 557 estudiantes en sus sedes de la Ciudad de México, Chiapas, Morelos y Michoacán.

En conferencia de medios realizada en el ICN, Miguel Alcubierre Moya, director de esa entidad, señaló que desde sus orígenes PAUTA ha beneficiado y dado seguimiento a más de 10 mil pequeños, quienes han desarrollado alrededor de mil 300 proyectos con impacto social en sus comunidades.

Cuentan con la asesoría de casi 400 científicos de diversas instituciones, quienes fungen como mentores en programas de vinculación.

“PAUTA significa para los niños tener una oportunidad”, resumió uno de los fundadores del proyecto, el investigador emérito del ICN y actual coordinador del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3), Alejandro Frank Hoeflich.

“Es como un pumitas de la ciencia”, ejemplificó otro de los fundadores, Jorge Hirsch, también del ICN.

Xóchitl y “un baño calientito”

Para que ella y su familia puedan darse un “baño calientito” en su vivienda rural de los Altos de Chiapas, en San Cristóbal de las Casas, Xóchitl Guadalupe Cruz López, de nueve años y quien cursa el tercer año de primaria, desarrolló un calentador solar con materiales reciclados de bajo costo. Tiene dos puertas de vidrio y mangueras, que conducen el agua a botellas y a un tanque de agua o tinaco.

“PAUTA me ha ayudado a reflexionar y a saber cómo podemos hacer muchas cosas, especialmente de ciencia”, dijo la pequeña, que desde los cuatro años participa en la sede Chiapas del programa. Su proyecto, añadió, “también ayuda al medio ambiente y a las personas de bajos recursos”.

“San Cristóbal de las Casas la mayor parte del año es muy frío, y si las personas se bañan con agua fría se pueden enfermar de las vías respiratorias”. Con su calentador solar, Xóchitl se ha convertido en la primera niña que obtiene el “Reconocimiento ICN a la Mujer”, que otorga esa entidad de la UNAM.

Molécula antioxidante para atrapar radicales libres

A sus 11 años y cursando el sexto año de primaria, Raúl Alejandro Segura Hernández diseñó una molécula antioxidante para atrapar radicales libres que “nos hacen envejecer, aceleran la oxidación del ADN y provocan enfermedades como cáncer y Parkinson”, explicó.

“Mi trabajo fue teórico. Diseñé muchas moléculas y me quedé con una que llamé telaraña. Usé algo llamado biomimética, que es inspirarse en las plantas y animales para crear una tecnología”, detalló.

Para desarrollar la molécula, Raúl empleó el software Gaussview5, inspirado en las moléculas que ya existen en la naturaleza. Su “telaraña” puede neutralizar el radical libre OOH, muy tóxico y común.

Por cuarto año, Raúl está en la sede Ciudad de México de PAUTA, pues vive en la delegación Tlalpan. “Me gusta ir a las sesiones y con estos proyectos puedes conocer a gente con tus mismos intereses”, afirmó.

Purificador de agua de lluvia

Gael Osollo Anario, de 13 años y quien cursa el segundo año de secundaria en la delegación Álvaro Obregón, creó un purificador de agua de lluvia para consumo humano, con materiales de bajo costo. “El agua de lluvia tiene probabilidad de un 85 por ciento de acidez de la contaminación que hay en la Ciudad de México”, refirió.

Utilizó un filtro de café, carbón activado, gravilla y tezontle, entre otros materiales. Este dispositivo es útil para actividades domésticas y para regar plantas. En su proyecto armó tres contenedores e hizo el purificador por capas. Para aprovechar el agua de lluvia, elaboró un sistema de contenedor, uno de riego y colocó una llave para uso doméstico.

Ahora está mejorando su dispositivo, pues ha enfrentado fugas y algunos problemas.

Diadema y simulación contra el Parkinson

Iván Jair Díaz Reyes, de 17 años, convive con una persona con el mal de Parkinson, y ello lo motivó a estudiar sobre esa enfermedad.

“Gracias a PAUTA pude llevar a cabo mi idea, que consiste en desarrollar un dispositivo de estimulación transcraneal por corriente oscilatoria. El dispositivo es una diadema que se pone en la cabeza, en puntos específicos del cerebro, y manda ondas oscilatorias para tratar los síntomas motores del Parkinson, entre ellos los temblores en reposo”, expuso.

Miranda Ibarlucea Guerrero, también de 17 años, se interesó como Iván en el Parkinson, porque su abuelo lo padecía. Primero pensó en hacer un guante que controlara los temblores, e investigó sobre uno que ya existía, pero de forma experimental.

Para entender el mecanismo de esa enfermedad, desarrolló una simulación de temblores que siguen la misma frecuencia que la promedio en un paciente con Parkinson.

Con un vibriómetro generó una gráfica de los temblores y confirmó la teoría de que los patrones complejos son hasta cuatro veces más efectivos que los patrones simples, pues pueden detener algunos temblores por completo. “Si puedo hacer un cambio, ayudar a una persona, habré hecho lo que quiero hacer en mi vida”, concluyó.