Falta de límites y déficit de desarrollo neurológico, causas de los problemas infantiles

18 de Octubre de 2017

Falta de límites y déficit de desarrollo neurológico, causas de los problemas infantiles


* El trabajo psicológico con niños debe procurar el cuidado y el bienestar de éstos

* En los últimos 50 años los estudios y las prácticas destinados a la infancia se han incrementado notoriamente

Las causas de los problemas infantiles abarcan desde la falta de límites hasta un déficit o retardo en el desarrollo neurológico, por lo que una de las apuestas de la salud mental es intervenir por medio de medidas educativas dirigidas a enseñar hábitos y formas de afrontar las tensiones que conlleva la vida, aseguró el maestro César Valencia.

A partir de la Convención sobre los Derechos del Niño, “quienes trabajamos con menores por medio de la praxis del saber psicológico debemos procurar su mejor porvenir con responsabilidad para evitar efectos negativos en la vida futura”, señaló al participar en el Coloquio Reflexiones clínicas: subjetividad y salud mental, realizado en la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El psicólogo manifestó que “sería infructuoso no preguntarse cómo nuestra labor responde a ciertos modos de abordar la vida y el tránsito de los niños por los espacios destinados a su formación”.

Las formas como la infancia es asistida están construidas en función de los saberes sobre la conducta, pues “la idea es colocar los comportamientos y las palabras de los pequeños en torno al campo psicológico para optar por alguna vía que conduzca a la solución y atemperar la dificultad”.

Las tareas propias de padres, educadores y terapeutas tienen como telón de fondo los aportes teóricos que dan una visión psicologizada de los niños y sus actos y plantean la eficacia de las propuestas en la praxis, al lograr producir algún impacto en el bienestar de los infantes y las familias.

Al intervenir en la Mesa Discursos analíticos a propósito de la infancia y la adolescencia comentó que a pesar de que en muchas ocasiones las explicaciones sobre los problemas infantiles son “elaboradas escrupulosamente, al momento del trabajo pareciera que lo que conocemos es insuficiente ante aquello que no funciona.

“El saber que da cuenta de las causas de los trastornos y sus vías de solución es inocuo ante lo vivo de las problemáticas de los pequeños”.

En torno al abuso en menores y adolescentes, la psicóloga Martha Ivette Vega Rodríguez planteó que el quehacer clínico tiene que ser un espacio de escucha para que el paciente esté en condiciones de hablar desde su experiencia y comprenda que no está en un sitio donde se repetirá ese acto, sino en un lugar de cuidado.

Es fundamental “tener una escucha abierta y sensible para que se despliegue el mirar del individuo y puedan entenderse las cosas, sin importarle lo que la sociedad diría ante ello ni su familia”, sino “prestándonos como una caja de resonancia para que encuentre su propio sonido”.

Además es relevante salvaguardar al chico de situaciones de riesgo y por medio de la intervención clínica posibilitar que sea él mismo quien signifique, desde su sentir, dicha experiencia, “quien le traiga al consultorio con sus juegos y otorgue la dimensión que para él tuvo”, sin olvidar conocer los hechos desde la mirada de los padres.

La especialista en psicoterapia-psicoanalítica expuso que ante un caso de abuso sexual como profesionales se les coloca ante una situación delicada, “porque hay que atender qué fue lo que llevó a que sucedería esa experiencia y abrir los espacios para que el niño se exprese”.

La maestra en Teoría Psicoanalítica Alexandra Cielak Grynberg indicó que la clínica para infantes tiene que ser un espacio de juego donde se desplieguen historias, cuentos, acontecimientos, ya sea por medio de una pelota, una muñeca, un juego de mesa, un dibujo, un Ipad o las palabras del pequeño.

“La idea es facilitar el espacio, para prestar el oído; el material en las sesiones es la forma en que los menores van materializando, hablando de lo que les va sucediendo”, es decir “el juego, por más paradójico que suene, es cosa seria” y también un medio por el cual el niño demanda ser escuchado.

La psicóloga explicó que “la clínica es un llamado al trazo, a la escritura, a la lectura y a la historización; es jugar y jugársela, apostar, volar, volar aviones, es pensar y asociarse, pero sobre todo jugar es vivir”.