La desigualdad, caldo de cultivo para la violencia contra mujeres

8 de Marzo de 2018

La desigualdad, caldo de cultivo para la violencia contra mujeres



*El Día Internacional de la Mujer debe propiciar la reflexionar sobre la desigualdad de género

La discriminación y la agresión se traducen siempre en menoscabo de los derechos o las libertades individuales, en tanto que la desigualdad es caldo de cultivo ideal para la violencia contra las mujeres, alertó la doctora Marta Walkyria Torres Falcón, investigadora de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Ese fenómeno –explicó– siempre es causa de daño físico, psicológico o económico y las motivaciones de quien la ejerce son el sometimiento y el control, aunque “la otra cara del poder” y las formas de agredirlas pueden ser desde sexual, obstétrica, comunitaria y aun la trata de blancas y el feminicidio.

La docente del Departamento de Derecho destacó la notoria exclusión y dotación simbólica de inferioridad de ellas respecto de los varones, si se considera que sólo uno por ciento de la propiedad mundial pertenece a mujeres, en tanto que no existe país con paridad de salarios: en México ellas obtienen en promedio 70 pesos por cada 100 que ellos ganan por el mismo trabajo.

En la charla Mujer: discriminación y violencia, la doctora Torres Falcón lamentó que el hostigamiento y el acoso en la calle y en el trabajo se consideren problemas cotidianos que están tan arraigados que resultan habituales para ese segmento de la población.

En puestos de decisión existen pocas o nulas plazas ocupadas por mujeres, por ejemplo, en el Colegio Nacional hay 104 personas, de quienes 100 son hombres y apenas cuatro mujeres, tres de ellas admitidas en los últimos diez años.

En institutos de investigación de distintas disciplinas se ha logrado la paridad entre los miembros, excepto en las áreas de ingeniería, en tanto que el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), integrado por unos 25 mil científicos, la representación femenina alcanza 36 por ciento.

La especialista puntualizó que el Premio Nobel en cualquiera de sus categorías –Física, Química, Fisiología o Medicina, Economía y de la Paz– ha sido entregado apenas a 19 mujeres que representan 18 por ciento.

En materia política, en México aún no ha habido una fémina que ocupe el Poder Ejecutivo Federal y únicamente se cuenta una decena de gobernadoras, mientras que de 11 ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hay dos ministras.

En el ciclo de conferencias Mujer y sociedad, organizado por la Coordinación de Educación Continua y a Distancia de la Unidad Xochimilco de la UAM, la académica enfatizó que el 8 de marzo, señalado como el Día Internacional de la Mujer, no debe ser una celebración “sino una ocasión para reflexionar” en torno al maltrato y la desigualdad de género.

Durante la mesa que estuvo moderada por el licenciado Ricardo Arturo Nieto Almaraz, egresado de la Licenciatura en Sociología de la Unidad Azcapotzalco de la Casa abierta al tiempo, Torres Falcón explicó que los movimientos feministas en el mundo y en México han buscado fortalecer los derechos en favor de la población femenina para disminuir las brechas citadas.

“Hemos luchado por nuestros derechos históricamente, por lo que no es algo nuevo y se remonta a varios siglos atrás”, recordando que el primer derecho reclamado fue el de la educación, pero fue hasta la década de 1970 cuando surgieron los primeros grupos de mujeres que denunciaron violaciones con énfasis en el discurso jurídico.

En 1980 proliferó el reclamo en contra de la violencia sexual y el hostigamiento, un problema que una década después se desplazó hacia el ámbito de lo familiar o el espacio doméstico y en el nuevo siglo los feminicidios y la trata de blancas representan asuntos en crecimiento que exigen atención urgente.

“La violencia, ante todo, nos deja un profundo e intenso dolor”, externó la doctora en Ciencias Sociales quien convocó a actuar ante el desarrollo y la evolución de este flagelo mediante el trabajo consistente con las víctimas, el desarrollo de campañas de prevención, la creación de políticas públicas contra la discriminación y, sobre todo, la comprensión de que “la víctima nunca es culpable”.