La investigación universitaria contribuiría a la autosuficiencia del agua

15 de Enero de 2020

La investigación universitaria contribuiría a la autosuficiencia del agua


13 de enero de 2020

• La Unidad Iztapalapa de la UAM desarrolla sistemas miniaturizados de captación y almacenamiento de lluvia

El trabajo científico de las instituciones de educación superior podría contribuir al proceso de autosuficiencia y buen aprovechamiento del agua si se convirtiera una decisión oficial para formar programas poderosos de política pública, considera el doctor Juan José Santibáñez Santiago, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El académico del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa destaca los proyectos realizados en este campus encaminados a la reutilización del recurso para aprovechar las fuentes hídricas, con una mejor gestión del ciclo integral; sin embargo, esto sigue siendo una aspiración social que depende cada vez menos de ideologías irrealizables y más de la voluntad de todos.

La Ciudad de México “es un modelo poco envidiable de cómo un sistema de abasto de servicios a su población tiene límites, muy probablemente infranqueables, que producen situaciones de extrema desigualdad traducibles en índices mayores de pobreza”.

En su artículo Agua en México, problema de política pública o de conocimiento, señala que el abasto de agua sintetiza un complejo nudo de inconvenientes y expresa la “crisis de insustentabilidad financiera, ambiental y social de un modelo altamente centralizado e ineficiente de política pública”.

El sistema comprende la importación del líquido que demanda un consumo anual de cerca de dos mil 280 millones de kilowatts por hora, lo que se traduce en el consumo de unos cien millones de litros de diésel y opera con enormes transferencias, porque las tarifas que se cobran por el servicio apenas cubren una tercera parte de los costos de operación, con una evasión cercana a 30 por ciento.

Aun más cuando la red instalada tiene un “porcentaje escandaloso” de fugas de 41 por ciento, lo cual plantea la necesidad de reemplazo de tuberías, lo que requeriría hasta 20 años para sustituir alrededor de 13 mil kilómetros, con el consiguiente costo que se traduce en un problema insostenible.

El maestro Santibáñez Santiago explica que la investigación científica ha advertido el creciente e incontrolable riesgo que representa el cambio climático, por lo que “el problema de una política pública capaz de enfrentar los daños del calentamiento global descansa en la innovación científica”, pues permitiría que cada persona desde su hogar, barrio y entorno inmediato sea capaz de construir mecanismos más sencillos para adaptarse a un entorno cambiante, una vez que cuente con herramientas tecnológicas eficientes y sencillas.

Este es uno de los reclamos de poblaciones con ansias de resolver por sí mismas los desafíos no atendidos, los cuales “exigen, en síntesis, nuevos enlaces entre la ciencia y los bienes comunes, incluidos el agua, los bosques y el aire”.

El investigador comenta los proyectos innovadores que desde hace casi una década son trabajados en el campus Iztapalapa, tal es el caso de los sistemas miniaturizados de captación y almacenamiento de lluvia que podrían atender las necesidades de pequeñas unidades, entre ellos escuelas o mercados.

Incluso, se ha agregado la posibilidad de reducir el consumo, introduciendo herramientas de alto impacto, incluidos inodoros que por descarga utilicen uno o dos litros que consigan el empuje y la fuerza necesarios para transportar los desechos hacia el drenaje.

La aplicación de este innovador sistema permite que el consumo por descarga pase de cuando menos ocho litros a su octava parte, dando un “ahorro más que significativo”.

De igual manera se cuenta con las cosechadoras de agua –instaladas hasta ahora en 27 escuelas– que utilizan una superficie de mil 200 metros cuadrados de los techos escolares, lo que las habilita para captar alrededor de 800 pipas anuales, cantidad suficiente para el consumo en sanitarios y limpieza de la escuela, además de que cuando la lluvia excede la capacidad de almacenamiento el sistema inyecta el excedente al acuífero de la Ciudad de México.