Ocotlán, un oasis en la ruta migrante del Pacífico

19 de Diciembre de 2019

Ocotlán, un oasis en la ruta migrante del Pacífico


• Académicos del CUCiénega y la Univa identifican estadías prolongadas y formación de familias “mixtas” en dicha ciudad de Jalisco

Tras casi un mes de trayecto desde la frontera entre México y Guatemala, y de vivir una serie de violaciones a sus derechos humanos, los migrantes provenientes de Centroamérica rumbo al norte del continente encuentran un lugar donde las condiciones mejoran: Ocotlán.

Esta ciudad de la región Ciénega de Jalisco se ha convertido en un referente de la ruta migrante en México, pues su vocación asistencialista, que se manifiesta en distintas organizaciones, ha derivado en que muchos de los que pretendían ir de paso prefirieran quedarse de forma indefinida, e incluso formar familias.

Esto fue identificado en una serie de estudios hechos por el profesor del Departamento de Comunicación y Psicología del Centro Universitario de la Ciénega (CUCiénega), maestro Diego Noel Ramos Rojas, y el docente de la Universidad del Valle de Atemajac (Univa), doctor Abel Astorga Morales.

“Cuando se les preguntaba por qué estaban varados en Ocotlán, respondían que se habían bajado de la Bestia pensando que habían llegado a Guadalajara. Ocotlán es una parada previa al Área Metropolitana de Guadalajara. No es un destino, pero sí un plan b. Ahí se han establecido redes de solidaridad en la población migrante”, externó Ramos Rojas.

Albergues como el de la familia Guevara, también conocido como el comedor San Francisco de Asís, así como la Cruz Roja, instancias que han recibido a los migrantes que llegan a esta ciudad de Jalisco, han dado fe de que Ocotlán se ha convertido en un punto relevante del escenario transmigratorio.

Los especialistas informaron que no hay una cifra oficial sobre la cantidad de migrantes que llegan a Ocotlán, pero, según datos de la Cruz Roja en esta localidad, se atienden de 20 a 30 personas por mes; situación que contrasta con la registrada por el albergue de la familia Guevara, que recibe a 30 personas cada semana (120 al mes).

Astorga Morales compartió que antes de llegar a la Ciénega de Jalisco, los migrantes se convierten en “botines” de organizaciones criminales y autoridades de distintas instancias, tras ingresar a México. “En ocasiones son los mismos policías o trabajadores de Ferromex, e incluso agentes del Instituto Nacional de Migración”, dio a conocer.

Cuando llegan a la región Ciénega de Jalisco, los viajeros encuentran un entorno de paz y tolerancia por parte de las autoridades de migración, e incluso de la Guardia Nacional (que se ha convertido en una organización de contención del flujo migrante).

Por esa situación, hay quienes incluso han formado familias “mixtas”: término acuñado por investigadores del CUCiénega, que refiere a un núcleo familiar integrado por una pareja de origen centroamericano (por lo regular, un hombre) y por una lugareña.

Ramos Rojas expresó que tienen identificadas menos de diez familias, que si bien no forman una sinergia entre ellas, sí se diluyen en el tejido social de los ocotlenses.

Ambos docentes, junto con el doctor Rafael Alonso Hernández López –de El Colegio de la Frontera Norte–, presentan dichos resultados de la investigación que han emprendido durante los últimos años en el libro Trayectorias humanas en la Bestia, que aproxima el análisis de la situación migratoria en Jalisco.

Los profesores reconocen que, si bien el entorno es propicio para los migrantes, aún hace falta voluntad por parte de las autoridades locales para impulsar el apoyo a estas personas que huyen de contextos de violencia en sus lugares de origen.

“En los últimos seis años, el índice de migrantes que circulan por la ruta del Pacífico se ha incrementado”, dijo el académico del CUCiénega, por lo que Ocotlán ha significado un punto importante en su travesía.