Ponciano Aguilar, alumno sobresaliente del Colegio del Estado, dejó huella en Guanajuato

19 de Julio de 2017

Ponciano Aguilar, alumno sobresaliente del Colegio del Estado, dejó huella en Guanajuato

El esplendor de una época y los vaivenes políticos cimentaron la vida y obra del Ingeniero Don Ponciano Aguilar Frías, quien vivió en esta capital de 1853 a 1935 y, su paso por la vida y sus obras, marcaron a miles de guanajuatenses.

Hoy, la comunidad universitaria y la población en general, pueden apreciar algunos de sus objetos más queridos, sus herramientas de trabajo, el preciosismo de sus muebles porfirianos que, desde los años 80 del siglo pasado, fueron donados a la Universidad de Guanajuato (UG).

El Ing. Aguilar provenía de una familia de clase media guanajuatense, y pudo obtener una adecuada educación en el Colegio del Estado, que lo llevó a decidirse por el estudio de la ingeniería de minas: fue ingeniero de minas, topógrafo, metalurgista y ensayador de los metales.

Obtuvo su título en 1876 después de ser un alumno sobresaliente del Colegio del Estado y, desde el año de 1877 fue profesor del mismo y para el año de 1879 era profesor de geología, paleontología y de petrografía.

Además de su incursión en la administración, explotación y exploración de minas, fue llamado a encargarse de puestos públicos donde emprendió numerosas obras de carácter civil y arquitectónico.

Ocupó ciertos puestos políticos en los que no tuvo una participación activa pero que le valieron para ser considerado un detractor del movimiento revolucionario de 1910, lo que finalizó con su encarcelamiento en la Alhóndiga de Granaditas en el año de 1914, según refiere la ficha histórica que se encuentra en el Museo de Mineralogía en la Sede San Matías de la División de Ingeniería.

Se informa que, como miembro de la clase política y de la sociedad porfirista guanajuatense, pudo cimentar una vida opulenta para su familia. No era extraño que se le participara de los eventos sociales donde el encuentro y la charla amistosa permitían la cohesión e integración del mismo grupo.

Sus descendientes, sobre todo sus hijas, se adaptaron rápidamente a esta vida y fueron reconocidos como elementos activos y participativos de la élite social. Así, al final de sus vidas, las señoritas Aguilar decidieron donar lo que aún quedaba del patrimonio familiar a la UG: su casa, el archivo y la biblioteca de su padre, así como los muebles, aparatos e instrumentos e incluso la vestimenta propia del ingeniero.

Fueron numerosos los proyectos en que intervino y ejecutó en su profesión de ingeniero, ocupó diversos cargos en las administraciones públicas del Estado y Municipales y fue ingeniero auxiliar en la entonces Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.

En dichos puestos, no se limitó a ejecutar proyectos institucionales, sino que propuso otros proyectos que respondían a una necesidad o con repercusiones económicas de largo alcance como el caso del Túnel Coajín y la Presa de la Esperanza en Guanajuato, así como la carretera Guanajuato–Dolores o el proyecto de la Laguna de Yuriria.

Formó parte de los equipos encargados del trazo y ejecución de las vías férreas que comunicaron las zonas fértiles del bajío con los centros de consumo y distribución de mercancías, además de realizar los estudios para varios tranvías instalados en León, Irapuato y Guanajuato.

Su dedicación lo llevó a encargarse de la administración de varias negociaciones mineras, tanto nacionales como americanas y, en ese ámbito fue donde implementó socavones y medios de extracción de agua de las minas con total eficacia, además del diseño de sistemas técnicos que mejoraban y aseguraban la extracción de minerales.

Derivado de estas actividades, formó una muy selecta y numerosa colección de minerales, a la que se sumaban varios ejemplares de la denominada “aguilarita”, mineral descubierto por el Ing. Ponciano en la mina de San Carlos y que ha sido del que más plata se ha obtenido dentro del distrito minero de Guanajuato.

Los objetos, herramientas, muebles, fotografías e incluso ropa del Ing. Aguilar, fueron donados por su hija María Aguilar Zavaleta a la Universidad de Guanajuato y hoy se pueden apreciar en el Museo de Mineralogía, en la Sede San Matías, colonia San Javier, de manera gratuita.