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2.5.4 Los estudiantes
Los alumnos constituyen, junto con el personal académico, los principales actores de la educación superior. Sin embargo, no se cuenta con políticas integrales para su desarrollo y sólo en años recientes las instituciones han desarrollado programas expresamente dirigidos al apoyo de sus alumnos.
Los estudiantes de la educación superior no han sido en México objeto prioritario de investigación. Pese a su importancia, a este actor se le conoce mal y poco (antecedentes, situación social, económica y cultural, trayectorias, etc.). Quienes se han acercado a su conocimiento lo han hecho en los momentos de alta politización o de conflictos, pero se han perdido de vista las enormes transformaciones ocurridas en ellos en los últimos años. Como se destacó en el apartado sobre el crecimiento y la diversificación de la educación superior, en pocos años, el sistema pasó, de atender a unas cuantas decenas de miles, a 1.8 millones de estudiantes; dejó de ser un espacio casi exclusivamente masculino al incorporar una matrícula estudiantil femenina del 46%, y dejó de concentrar casi exclusivamente a jóvenes del nivel de licenciatura para formar también al creciente grupo de estudiantes que participan en el posgrado. También ha estado recibiendo a un mayor número de estudiantes extranjeros, los que actualmente representan el 0.5% de la matrícula.
Hasta el momento no se ha llevado a cabo una profunda reflexión sobre el significado que tiene el radical cambio ocurrido en los últimos años en la composición de los estudiantes. Las instituciones de educación superior que habían atendido a una población mayoritariamente masculina, son ahora escenario de una participación creciente de las mujeres, y en algunas carreras y áreas ha ocurrido una feminización de la matrícula tan importante que ha generado cambios en la fisonomía de las instituciones.
Con el objeto de tener un mejor conocimiento de algunos rasgos de los estudiantes, la ANUIES viene realizando un estudio a través de una muestra representativa y la aplicación de un cuestionario a estudiantes de diversas instituciones del país.29 Las dimensiones de observación que incluye dicho estudio, se refieren entre otras cosas, al perfil social y educativo de los padres, las condiciones de estudio que tienen los estudiantes en sus lugares de residencia, la organización del trabajo en clase, las prácticas de estudio más regulares, la opinión sobre el trabajo de los profesores, la frecuencia en la utilización de los servicios e instalaciones que ofrecen las instituciones y las expectativas de empleo.
Entre los resultados preliminares de la primera fase del estudio, se pueden señalar los siguientes tres:
- El 95.3% de los estudiantes, son solteros, con un promedio de edad de 22 años, lo que puede indicar una clara intencionalidad de los jóvenes por postergar el establecimiento de compromisos familiares independientes (gráfica 2.17). (Según el INEGI, con base en el Conteo de Población y Vivienda 1995, en ese año la edad promedio en México de la primera unión libre o matrimonio era de 22 años).
- El 73.3% de los estudiantes no trabaja (gráfica 2.18), dato que viene a contradecir, con información directa, a todos aquellos que afirman que hoy, a diferencia del pasado, la mayoría de los estudiantes trabajan. Es importante señalar que existen diferencias entre instituciones públicas y particulares. En el caso de la condición laboral, por ejemplo, declararon trabajar el 27.2% de los estudiantes de las instituciones públicas, mientras que en las particulares llega al 21.6%. (Según la Encuesta Nacional de Empleo 1995, el 65% de los jóvenes entre 20 y 24 años de edad trabajan). No todos los estudiantes que declararon trabajar (25.6%) lo hacen de tiempo completo; de hecho, una tercera parte de los que laboran, lo hacen menos de diez horas a la semana, otra proporción similar trabaja entre 10 y 20 horas a la semana y otra tercera parte trabaja de tiempo completo. En cualquier caso, es importante reconocer que existe una población de estudiantes, que asciende al 27% de los encuestados, cuyo tiempo de dedicación a los estudios tiene que compartirla con sus compromisos laborales. De aquellos que trabajan, el 55.8% lo hace en espacios laborales relacionados con su formación profesional y sólo el 10% tiene dependientes económicos, dato que invita a reflexionar acerca de la supuesta conjetura de que los estudiantes trabajan para sostener a sus familias. En el caso de las instituciones par-ticulares la proporción de los estudiantes que trabajan en asuntos relacionados con su carrera es del 70.9%, y en las públicas es del 51.3%.
- El 57% de los padres y el 77% de las madres de los estudiantes no tuvo acceso a la educación superior (gráfica 2.19). Una considerable proporción de jóvenes, sigue siendo la primera generación de sus familias que tienen acceso a la educación superior. Evidentemente esta situación varía notablemente, dependiendo de las regiones y los sectores institucionales, asunto muy relevante a considerar para el conjunto del sistema de educación superior. Por ejemplo, las diferencias entre los estudiantes del subsistema público y particular son considerablemente grandes: mientras que el 70% de los padres de los estudiantes de las instituciones públicas no tuvo acceso a la educación superior, en las particulares sólo el 27%; por su parte, el 86% de las madres de los estudiantes de las instituciones públicas no tuvo acceso, en comparación con el 53% del sistema particular. Esto significa, entre otras cosas, que la proporción de madres con estudios de licenciatura, o más, de los alumnos de las instituciones particulares, es no sólo superior a la de las madres de los alumnos de las públicas; también es superior en relación a la escolaridad de los padres de los estudiantes de las instituciones públicas.
El estudio preliminar da cuenta también del interés expresado por los estudiantes de licenciatura para realizar estudios de posgrado: 79% consideró entre sus planes futuros continuar su formación académica, lo que refleja, entre otras cosas, el convencimiento social entre este sector de la población de que es preciso contar con una mayor formación profesional para insertarse en el mercado de trabajo.
No cabe duda que en el momento en que los jóvenes tienen que decidir qué licenciatura cursar, intervienen varios factores, como pueden ser la orientación profesional recibida en el bachillerato, la influencia de los padres y/o tutores, los amigos, las expectativas de empleo que se construyen en su imaginación los jóvenes, la influencia de los maestros del bachillerato, etc. Un primer acercamiento a esta problemática, a través del estudio que realiza al respecto la ANUIES, refleja la complejidad de conocer con exactitud los motivos que llevan a los jóvenes a optar por una u otra licenciatura. Sin embargo, como puede observarse en la gráfica 2.20, llama la atención que para el 20% de los estudiantes encuestados la orientación profesional recibida en el bachillerato no representó ningún valor importante en su decisión, a diferencia del peso significativo que representó la influencia de los padres y las expectativas de empleo que construyen los estudiantes.
Por otro lado, el país no cuenta con un sistema nacional de becas y crédito educativo que apoye a los estudiantes de bajos recursos y buen desempeño académico. Pese a que en el Programa de Desarrollo Educativo 1995-2000 se estableció el objetivo de constituirlo, han sido las instituciones las que han formulado sus programas de becas y solamente las instituciones particulares han gestionado recursos ante organismos financieros internacionales para el establecimiento de su programa de crédito educativo. Este asunto es de gran importancia ya que de acuerdo a la encuesta aplicada a los estudiantes de las nueve instituciones, el 13% de ellos declararon que no contaban con los recursos económicos suficientes para sostener sus estudios.
Son incipientes los programas especiales para estudiantes de alto rendimiento académico y no se ha atendido suficientemente la formación integral del estudiante, sobre todo en lo que se refiere a la formación en los valores deseables para tener los ciudadanos responsables que requiere el desarrollo de la nación, así como en los principios éticos de cada una de las profesiones.
29 Se diseñó una encuesta que se ha aplicado en una primera etapa, a 4,332 estudiantes (50% mujeres y 50% hombres), en nueve instituciones educativas: cuatro universidades públicas, tres universidades particulares y dos tecnológicos públicos, ubicadas en las ciudades de Monterrey, Oaxaca, Veracruz y la Ciudad de México.
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