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2.7 COORDINACIÓN, PLANEACIÓN Y EVALUACIÓN DEL SISTEMA DE EDUCACIÓN SUPERIOR
En materia de planeación y coordinación de la educación superior, las instituciones, el Gobierno Federal y los gobiernos de las entidades federativas han establecido políticas y mecanismos desde hace dos décadas. Es preciso señalar que el proceso de planeación derivado del Sistema Nacional para la Planeación Permanente de la Educación Superior (SINAPPES) -tal como fue reconocido en el diagnóstico del Programa de Desarrollo Educativo 1995-2000- se ha caracterizado por etapas de alta productividad y de definiciones importantes, pero también por períodos de inacción y poca efectividad. Los procesos de planeación del sistema y de las instituciones han incidido parcialmente en los cambios que requiere la educación superior. Cabe destacar que de los distintos niveles del sistema de planeación, el institucional es el que más se ha consolidado, el nacional y el estatal han operado de manera discontinua, en tanto que el regional no ha funcionado.
En lo que respecta al SINAPPES, éste se ha ido borrando paulatinamente como mecanismo de planeación de la educación superior, particularmente en lo que respecta a la CONPES y resulta ya insuficiente ante las nuevas condiciones que enfrenta la educación superior. Las instancias estatales de planeación, que se avizoran como espacios estratégicos, siguen sin consolidarse y no han operado de manera regular.
La educación superior cuenta con organismos reconocidos e importantes para la coordinación y el apoyo a las IES, como son la ANUIES y la FIMPES, ambos no gubernamentales, y el COSNET, que coordina a los institutos tecnológicos públicos. Además, existen asociaciones de escuelas que fomentan la cooperación y el intercambio entre programas académicos de las instituciones.
Algunos de los avances en materia de planeación, evaluación y coordinación de la educación superior que pueden identificarse en los años recientes son la progresiva incorporación de la metodología de la planeación estratégica en la gestión interna de las IES; el trabajo de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), que han contribuido a un mejor conocimiento de la situación de los programas académicos de las instituciones de educación superior; los procesos de acreditación de programas académicos y dependencias recién iniciados a cargo de asociaciones no gubernamentales especializadas; la existencia de los exámenes nacionales de ingreso a la educación media superior y de ingreso y egreso de la educación superior que aplica el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVAL); la reactivación de las Comisiones Estatales para la Planeación de la Educación Superior (COEPES) en las entidades federativas y los acuerdos interinstitucionales para la orientación del ingreso a educación media superior y superior a nivel local, entre otros.
Sin embargo, el propio ejercicio de planeación deberá revisarse para superar las limitaciones que se advierten en su funcionamiento. Deberá ajustarse para contribuir de manera singular a la creación de un sistema nacional de educación superior integrado, en el que los referentes sean el sistema en su conjunto y los elementos que lo constituyen.
De esta manera se deberán superar algunas características de la planeación que la circunscriben a una actividad orientada fundamentalmente hacia el interior de cada una de las instituciones de educación superior y entre las cuales podríamos mencionar las siguientes:
- La aceptación acrítica de la planeación, como resultado de la aceptación de determinados lineamientos gubernamentales.
- El ejercicio vertical-unidireccional de la planeación.
- La existencia de una planeación exhaustiva pero no orientada estratégicamente.
- El alejamiento de la planeación de quien debería ser su principal protagonista; es decir, la propia comunidad académica.
- La ausencia de estrategias para la planeación que orienten la realización de los planes de desarrollo institucional dentro de un concepto sistémico amplio de desarrollo del propio sistema de educación superior.
- La ausencia de un sistema eficiente de información confiable que dé sustento a los ejercicios de planeación.
- La falta de continuidad asociada principalmente a los cambios de administración.
Es importante señalar que en los últimos años han surgido en diferentes instituciones, tanto públicas como privadas, propuestas innovadoras que tienden a superar el ejercicio convencional de la planeación; pero para que desarrollen su potencialidad plena como efectivos instrumentos de desarrollo institucional, deberá generalizarse su utilización y abarcar tanto el propio sistema de educación superior como otros sistemas: el social, el económico, el político y el internacional.
El cuadro 2.36 muestra a manera de ilustración los avances observados en materia de evaluación y acreditación en los años recientes.
Los CIEES realizan evaluación diagnóstica externa de programas académicos y de funciones, sin fines de acreditación. Esta evaluación tiene como propósito formular recomendaciones para el mejoramiento de la calidad. En sus nueve años de funcionamiento han realizado más de 1,300 evaluaciones de programas académicos, la mayoría de ellos impartidos por las universidades públicas. El trabajo que realizan los CIEES constituye hoy un aspecto fundamental para la modernización de la educación universitaria y sus dictámenes de evaluación aportan elementos valiosos que permiten a las IES reorientar sus actividades y llevar a cabo las reformas institucionales necesarias.
En los años recientes se han venido constituyendo diversos consejos de acreditación de programas académicos, con distintos niveles de consolidación, como el Consejo de Acreditación para la Enseñanza de la Ingeniería, (CACEI); el Consejo Nacional de Acreditación para la Enseñanza de la Medicina Veterinaria y Zootecnia, (CONEVET); el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales; el Consejo Nacional de la Educación Odontológica (CONAEDO); el Consejo de Acreditación de la Contaduría y la Administración; y la Asociación de Instituciones de Enseñanza de la Arquitectura de la República Mexicana, (ASINEA), por citar algunos.
A partir de la creación del CENEVAL en 1994 se iniciaron los trabajos para el diseño y aplicación de los siguientes exámenes nacionales: Examen Nacional de Ingreso a la Educación Media Superior (EXANI I); Examen Nacional de Ingreso a la Educación Superior (EXANI II); Examen Nacional de Ingreso al Posgrado (EXANI III) y Examen General de Egreso de la Licenciatura (EGEL). El CENEVAL ha aplicado en el período de enero de1994 a junio de 1999 un total de 3'123,055 exámenes, de los cuales 2'442,383 corresponden al ingreso a la educación media superior; 977,030 al concurso único de ingreso a las instituciones públicas de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México; 8,302 al concurso de ingreso en las IES del estado de Aguascalientes; 635,442 al ingreso a la educación superior y 5,263 aplicados a aspirantes a becas de posgrado en el Programa del CONACyT para cursar estudios en el extranjero.
Cabe señalar que un total de 137 instituciones han aplicado los diferentes exámenes para el egreso de la licenciatura (EGEL). Por otra parte, es importante destacar que diversas instituciones educativas públicas y particulares contratan los servicios del College Board para la aplicación de exámenes de ingreso que son utilizados en la selección de sus estudiantes.
Pese a los avances en la coordinación interinstitucional, la educación superior en México aún no conforma un sistema que opere como tal. Su composición es compleja, complicada y atomizada, dificultando una gestión de conjunto y sin que se articulen las políticas para los distintos subsistemas. Existe poca articulación entre los organismos con funciones de coordinación de la educación superior como son: CONPES, SEP, CONACyT, ANUIES, FIMPES, etc. Estos organismos no reúnen al conjunto de los actores, con la principal ausencia de representantes de la sociedad y del sector productivo y una insuficiente participación de los académicos.
Hasta el momento no se ha alcanzado a definir una política de Estado que oriente el desarrollo conjunto de la educación superior con una visión de largo plazo y que garantice la continuidad de los programas. El marco normativo de la educación superior, además, resulta ya insuficiente para regular su desarrollo. No obstante los importantes avances que se han dado en los años recientes en materia de regulación de la educación superior, la ANUIES ha planteado la necesidad de revisar las leyes existentes y avanzar hacia un nuevo marco normativo que responda a los retos actuales y futuros.
Por otro lado, los subsistemas están poco articulados y mantienen una escasa interacción: la educación normal no se ha integrado a la educación superior; los institutos tecnológicos funcionan dentro de un sistema centralizado que requiere de mayor flexibilidad para atender las necesidades locales; las universidades públicas constituyen un conjunto diverso y heterogéneo que dificulta una planeación de conjunto y las instituciones de educación superior particulares se desarrollan en función de sus propias misiones, y con poca articulación entre sí y con las instituciones públicas.
Asimismo, por la misma conformación del sistema, es insuficiente el intercambio y la colaboración académica entre instituciones y entre subsistemas, sobre todo entre las que comparten un mismo ámbito regional o estatal, y no se aprovechan lo suficiente los nichos de oportunidad de las IES.
Los procesos de evaluación y sus resultados se han ido articulando a la toma de decisiones aunque todavía tienen poco arraigo en las comunidades académicas. La evaluación de los académicos en las instituciones y en otros organismos como el SNI ha tenido distorsiones al privilegiar la producción individual sobre el trabajo colectivo. Tal como lo ha reconocido la ANUIES en estos dos últimos años, se carece de una articulación eficiente entre los distintos procesos de evaluación, acreditación y certificación que operaron en la última década.
Al no contarse con un sistema nacional de acreditación amplio y consolidado, la sociedad no tiene aún los suficientes referentes para juzgar la calidad de los programas académicos que ofrecen las instituciones de educación superior. La consecuencia más importante de esta situación es que las estrategias de mercadotecnia de algunas instituciones crean expectativas poco realistas entre los aspirantes a la educación superior y los empleadores, y a su vez enmascaran los logros de las instituciones, principalmente públicas, que no suelen recurrir a este tipo de tácticas. Por ello, la constatación de la calidad de los procesos y resultados educativos mediante la certificación de profesionales y la acreditación de programas académicos, constituye hoy una estrategia de gran importancia para dar certidumbre a la sociedad sobre la calidad de sus instituciones educativas.
En la última década se han dado avances importantes en materia de información de la educación superior, tanto en el seno de la ANUIES como al interior de instituciones como la SEP y los gobiernos de los estados. Sin embargo, la información de y para la educación superior continúa siendo insuficiente y no siempre consistente. Es necesario contar con información suficientemente confiable y diagnósticos precisos sobre la sociedad y sus escenarios futuros, sobre el funcionamiento interno de las IES (trayectorias escolares, tasas de transferencia entre la educación media superior y la superior, origen social de los estudiantes, destino de los egresados, los titulados, los desertores, etc) y sobre la situación financiera de la educación superior.
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