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Presentación

Este volumen es el resultado de la investigación efectuada entre enero de 1999 y mayo de 2000 a través de la colaboración de investigadores del Centro de Estudios de Estado y Sociedad de Buenos Aires, Argentina, y del Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional de México, que intenta dar cuenta comparativamente del desarrollo reciente y los dilemas actuales de los programas de posgrado en Ciencias Sociales en ambos países.

En el escenario educativo de la década de los años noventa encontramos significativas mutaciones en los sistemas de educación superior argentino y mexicano así como en los programas de política pública para este sector. Estos cambios sucedieron y contrastan profundamente con el ciclo de estancamiento y conflicto de la década anterior. Si la rúbrica de los años ochenta fue para la educación superior en Argentina y México el atasco de su potencial, la estampa de la década siguiente fue sin duda la renovación. No obstante, del vigor de esta reactivación en los sistemas de educación superior no debe inferirse que todo ha transcurrido armónica y exitosamente. Particularmente en el sector de posgrados, los procesos de expansión y diferenciación –sin duda positivos y necesarios– muestran también desajustes y distorsiones de nuevo tipo. Esta investigación propone analizar este proceso para el caso de los posgrados en Ciencias Sociales en Argentina y México.

Es ya un dato bastante difundido la importante expansión de la matrícula de Ciencias Sociales en los estudios de grado tanto en Argentina y como en México. Esto se expresa también en la proliferación de programas de posgrado de corte académico y profesional en el ámbito de dicha disciplina, expansión que supera largamente la que acontece en el resto de los campos disciplinarios.

Sin embargo, el éxito de esta empresa expansionista en un nivel educativo poco atendido históricamente está condicionado por tres restricciones en su entorno de funcionamiento. En primer lugar, los posgrados se insertan en un marco institucional con escasa capacidad de procesar sin conflictos cambios en su estructura de funcionamiento y gestión. En tanto que estructura académica, siguiendo la pauta de Burton R. Clark (1990), el posgrado es típicamente un producto del entrelazamiento de dos dimensiones claves del sistema académico: la disciplina y el establecimiento (o bien: el conocimiento y la organización). En el contexto latinoamericano, la organización de las universidades tiene grandes dificultades para responder a las demandas de innovación que se pueden generar en la base disciplinaria. Entre otros motivos, porque las formas tradicionales de gestión y gobierno universitario no permiten encauzar adecuadamente estos cambios. Hay, pues, bloqueos organizacionales que frenan el desarrollo de nuevo conocimiento.

En segundo lugar, existen restricciones importantes en el ámbito de los recursos humanos (docentes sin credenciales de posgrado, grupos poco consolidados de investigación, reducidas actividades de tutoría), financieros (escasez de fondos institucionales para la actividad de posgrado y para la realización de proyectos de investigación, bajo número de becas, bibliotecas desactualizadas) y físicos (disponibilidad de infraestructura para las actividades de docencia e investigación) para llevar adelante los cursos. Es decir, en muchos casos, la base disciplinaria tiene aún camino que recorrer en la consolidación de sus actores principales: los académicos.

Finalmente, el nuevo marco regulatorio generado por las políticas gubernamentales no siempre guarda coherencia interna, muchas veces produce señales que contradicen los rumbos que traza la dinámica de la conformación de grupos académicos y profesionales, y está sometido a continuos ajustes y redefiniciones. Este conjunto de circunstancias en el nivel gubernamental impide la consolidación de nuevas prácticas. Por su parte, la competencia presente en el nivel de los posgrados, tanto en términos de alumnos, docentes, recursos financieros y prestigio, da lugar también a impactos importantes sobre las prácticas de los actores y la producción social del conocimiento. Los condicionamientos que impone la lógica del mercado entran muchas veces en contradicción con aquellos que se definen a partir de la regulación estatal o las lógicas internas de la comunidad disciplinaria.

Los antecedentes de la expansión

En un contexto marcado por el rápido crecimiento en la matrícula de los estudios de grado y por una intensa diferenciación institucional, los posgrados ingresaron a escena con un ímpetu inusitado. El auge aconteció especialmente en los estudios de maestría. La oferta de cursos de posgrado en Argentina supera ya los 1,200 títulos entre especializaciones, maestrías y doctorados. Acompañando el crecimiento de la matrícula en los estudios de grado, los programas de Ciencias Sociales van a la cabeza del proceso de expansión. Las siguientes cifras muestran que estos programas constituyen en Argentina:

  • El 31% del total de programas existentes (entre especializaciones, maestrías y doctorados) en todas las universidades.

  • El 42% de las maestrías, la mitad de las cuales corresponden a cursos de administración y economía.

  • El 24% de los posgrados de las universidades públicas.

  • El 52% de los posgrados de las universidades privadas.

En el caso mexicano las cifras son comparables. En 1997 la oferta de cursos de posgrado era de 2,705 programas; el 43% de la matrícula nacional en posgrado era absorbido por especializaciones, maestrías y doctorados en Ciencias Sociales y Administrativas, con poco más de 37,000 estudiantes1. En el nivel de especialización, el 29% correspondía a las Ciencias Sociales, mientras que las maestrías en Ciencias Sociales enrolaban a 29,181 estudiantes (50%)2 y el doctorado sólo reclutaba a 1,574 estudiantes. Tres cuartas partes de los programas de posgrado se ofrecen en instituciones públicas. No obstante que la mayor parte de los programas de maestría y doctorado en Ciencias Sociales se encuentra en universidades públicas, particularmente los asociados a actividades de investigación, es creciente el número de maestrías en el sector privado.

Entre el conjunto de factores que han incidido en la creación de nuevos programas de posgrado podemos mencionar los siguientes (García de Fanelli, 1996).

En primer lugar, un factor impulsor de la irrupción de estudios de posgrado ha sido el proceso de globalización económica y cultural que ha llevado a incrementar los contactos e intercambios con el mundo académico internacional. En particular, el modelo universitario norteamericano ejerce cada día mayor influencia en las transformaciones no sólo en los sistemas de educación superior (SES) de América Latina sino en el ámbito internacional. El sistema norteamericano es muy complejo y heterogéneo pero el subconjunto de las research universities es considerado como modelo ejemplar por su prestigio y calidad. Una alta proporción de la comunidad científica y profesional latinoamericana con estudios de posgrado se ha formado en Estados Unidos y esto, sin duda, ha contribuido a crear una cultura favorable a los mismos. Esto explica el boom de los programas de maestrías en la última década en Argentina y México. Este estilo de programa de posgrado se incorporó conflictivamente dentro de una estructura de cursos de grado de larga duración (cinco a seis años) y de doctorado heredada del modelo europeo continental.

Un segundo factor son las nuevas demandas de los estudiantes frente a un mercado de trabajo cada vez más competitivo. En la medida en que la expansión de los puestos de trabajo en el sector público y privado para los profesionales no acompaña al crecimiento en el número de graduados universitarios, la competencia en el mercado profesional se agudiza. El valor de la credencial de los estudios de grado disminuye y una alternativa para ser más competitivo es incrementar el capital humano acumulado continuando estudios de posgrado. En particular, la progresiva reducción del empleo público es un fenómeno que en el ámbito internacional ha afectado seriamente las oportunidades laborales de los egresados universitarios. Es conocido que el gobierno ha sido tradicionalmente uno de los mayores empleadores de profesionales.

En este contexto, se percibe como aún más imperioso que en el pasado, acomodar la formación universitaria a las demandas del sector privado. Desde el lado de la demanda de las empresas, la expansión de los portadores de credenciales universitarias de grado reduce la información comunicada por dichas credenciales. En esta situación, los títulos de posgrado permiten una mayor discriminación entre los postulantes.

Un tercer factor, vinculado en cierto modo con el anterior, es la demanda del mercado de trabajo de los profesionales universitarios que presenta un sesgo cada día mayor hacia el reclutamiento de académicos y profesionales con formación de posgrado. El origen de ello es una genuina necesidad de inversión en capital humano con mayor conocimiento y calificación. Pero también incide el incremento en la demanda de credenciales de posgrado como canal de acceso a ciertos puestos académicos y profesionales y a fondos de financiamiento reservados sólo a aquellos que las detenten. En México esta tendencia ha recibido un claro impulso del lado de las políticas gubernamentales a través de la creciente exigencia hacia los académicos para que obtengan un doctorado. Para quienes trabajan en centros de investigación y posgrado es cada vez más ineludible ingresar al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), el cual exige el doctorado y productividad científica. Asimismo, el Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP) estimula a las instituciones a elevar las credenciales de su planta académica, apoyando a los profesores en servicio para estudiar el doctorado. De hecho, el desarrollo del posgrado constituye uno de los principales objetivos del Programa de Ciencia y Tecnología, 1995-2000 del Ejecutivo mexicano, el cual vincula el fortalecimiento del posgrado a la política más general de desarrollo científico y tecnológico. En la Argentina, la Ley de Educación Superior sancionada en 1995 y los mecanismos de acreditación de carreras llevados adelante por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) han impulsado la exigencia del título de doctorado para la enseñanza de grado y posgrado.

Un cuarto factor es el aumento en la complejidad del conocimiento y en la demanda por un saber interdisciplinario en nuevas áreas como el medio ambiente, las organizaciones no gubernamentales, las políticas sociales, la economía de la salud, la vivienda o la educación. Es claro que actualmente los estudios de grado han dejado de ser suficientes para preparar especialistas en estos campos dinámicos de conocimiento.

En quinto lugar habría que señalar la creciente especialización profesional en algunas áreas de conocimiento. Ejemplos de ello son la formación de especialistas en derecho tributario, comercio internacional y administración estratégica. En el mismo sentido, cada vez es mayor la demanda por educación continua dado el rápido avance del conocimiento en algunos campos.

Por último, un factor endógeno a las instituciones universitarias ha sido la búsqueda de mayor prestigio institucional y la creación de una nueva fuente de financiamiento universitario. En el caso de la Argentina, mientras que los estudios de grado son gratuitos por ley en las universidades públicas, los de posgrado son arancelados. Si bien esta actividad en algunas instituciones apenas le reporta los ingresos necesarios como para autofinanciar el funcionamiento del programa de posgrado, permite que los docentes que enseñan en este nivel perciban una remuneración horaria bastante superior a los salarios docentes de grado. En el sector privado, una estrategia de mercadeo importante para captar nuevos alumnos ha sido la realización de posgrados en convenio con universidades extranjeras. Esto se verifica, parcialmente, para el caso mexicano, con el incentivo adicional de acceder a fondos aportados por CONACyT a aquellos programas designados como de “excelencia”.

En la circunstancia mexicana, las políticas y los criterios que se desprenden de ellas para la asignación de fondos son crecientemente competitivos. Ello se traduce en una progresiva separación entre la docencia del nivel de licenciatura y del posgrado vinculado a la investigación. Esta competencia por el financiamiento ha aumentado a raíz del surgimiento de nuevos centros y modelos institucionales, agencias gubernamentales y privadas no ligadas a la educación superior. Las agencias financieras externas, tanto gubernamentales como civiles, han puesto énfasis en la aplicación o la pertinencia de los resultados de la investigación, introduciendo así nuevos actores y nuevos valores en el campo de la investigación. Al sujetarse la asignación de fondos cada vez más a la evaluación, se legitiman nuevas tecnologías y metodologías y se erosionan roles académicos y formas de legitimación tradicionales. La acción emprendida por la CONEAU, acreditando obligatoriamente todo los programas de posgrado desde 1997, ha impulsado iguales procesos en la Argentina. Si bien la calificación que surge de este proceso no está ligada en forma directa con el financiamiento, cada vez es más claro que el conjunto de las agencias que otorgan fondos para la investigación comienzan a tomar como uno de sus indicadores en la selección de los candidatos de becas o subsidios el resultado del proceso de acreditación.

Frente a esta dinámica situación y ante las dificultades que históricamente han tenido los campos disciplinarios de las Ciencias Sociales para reproducirse en estos países, vale preguntarse si hay en curso experiencias innovadoras de formación, estrategias de redefinición disciplinaria, e intentos de reorientación del rol social del especialista en Ciencias Sociales.

El problema de investigación

Una primera aproximación a la expansión del nivel de posgrado en Ciencias Sociales y a la tensión generada por la emergencia de este proceso en un entorno institucional complejo y restrictivo, plantean dos campos de interés para la labor de investigación: la descripción comparativa de este proceso en la Argentina y México y la explicación de esta tensión entre innovación y entorno institucional. En este último sentido, dos preguntas han orientado nuestro trabajo:

  • ¿Qué orientaciones innovadoras están apareciendo en este campo, tanto en lo referente al contenido disciplinario como en la redefinición del rol del científico social?.

  • ¿Qué estrategias de respuesta parecerían ser más exitosas que otras para sobreponerse a las complejidades del entorno?.

Tanto las instituciones como los gobiernos enfrentan el apremio de ofrecer respuestas eficaces a la nueva problemática del campo de las Ciencias Sociales en estos países.

En función de lo dicho, la investigación abordó las restricciones institucionales en el entorno de las políticas y de la competencia de mercado, y el modo en que inciden positiva o negativamente sobre el éxito de los procesos innovadores en este nivel. El estudio comparativo se centró en analizar la experiencia de casos de posgrados en Ciencias Sociales en universidades públicas y privadas de Argentina y México entre mediados de los años ochenta y noventa. La elección de los países responde a la fuerte similitud en la estructura y dinámica de sus sistemas de educación superior y las políticas públicas implantadas.

El estudio contiene tres secciones. La primera describe y explica los procesos de expansión y diferenciación de los programas de posgrado en Ciencias Sociales en Argentina y México entre la mitad de los años ochenta y el final de la siguiente década. Asimismo, ofrece un análisis de las políticas gubernamentales para el posgrado en ambos países.

La segunda sección examina, en dos capítulos, una selección de programas de maestría (en Argentina) y de maestría y doctorado (en México). El énfasis está colocado en la organización académica, los modelos de enseñanza, la gestión, el cuerpo docente, el financiamiento y los procedimientos de evaluación. Además son revisadas las experiencias institucionales en materia de internacionalización así como el perfil de los estudiantes y, cuando se obtuvo la información pertinente, los graduados de los programas.

La tercera sección presenta un análisis comparativo del proceso argentino y mexicano en el posgrado de Ciencias Sociales. Los ejes de la comparación se atienen a los que informan el análisis anterior, pero como contribución que consideramos importante se ofrece una reflexión sobre los cambios en los contenidos disciplinarios observados en los programas abordados. El libro concluye brindando una síntesis de este trabajo comparativo y aventura implicaciones para las políticas. Esperamos que el volumen sea de interés para científicos sociales, funcionarios gubernamentales y directivos de programas de posgrado.

Nota sobre la metodología

Como se desprende de su nombre, este libro es resultado de un esfuerzo comparativo de investigación. Desde su diseño inicial, el proyecto definió el problema básico y los asuntos a ser abordados tanto en México como en Argentina. Una sustantiva experiencia previa de trabajo entre los coordinadores de los equipos de ambos países permitió de antemano tener un lenguaje común e inquietudes semejantes. Gracias a los continuos contactos, ahora favorecidos por los medios electrónicos, se logró definir un conjunto de variables a ser estudiadas así como los instrumentos y las fuentes de acopio de información. Tomando en consideración las peculiaridades nacionales, cada uno de los equipos realizó entrevistas a directivos de programas de posgrado en Ciencias Sociales, de acuerdo con una guía que incluyó una batería de preguntas comunes. Para ello se realizó una muestra de programas en cada país, cuya característica básica fue la inclusión de programas de posgrado reconocidos en el medio académico y profesional. La elección de programas también tomó en cuenta las clasificaciones que la CONEAU hace de los programas en Argentina así como la inclusión en el Padrón de Programas de Posgrado de Excelencia del CONACyT en México. En esta muestra, además, deliberadamente se seleccionaron programas con orientaciones diversas en los siguientes aspectos: a) las definiciones disciplinarias y profesionales (unos más orientados hacia la academia y otros hacia el mercado profesional externo); b) los campos temáticos de conocimiento dentro de las Ciencias Sociales (excluyendo psicología y relaciones internacionales); y c) en el caso de México, los niveles de maestría y doctorado.

Una vez levantada la información se procedió en dos direcciones: el análisis de la información de acuerdo con los asuntos previamente definidos y con el guión de entrevistas, y la elaboración de informes parciales, algunos de los cuales, sobre todo en el caso argentino, fueron publicados en ediciones académicas domésticas. Esta documentación, así como los resultados que fueron surgiendo en el análisis de los datos fueron intensamente discutidos en sesiones de trabajo en México y Argentina, y a través de una fluida correspondencia a través del correo electrónico.

Agradecimientos

Este trabajo tuvo el apoyo financiero de la Fundación Ford, que ha mostrado una preocupación por conocer las experiencias recientes del posgrado en Ciencias Sociales en América Latina, tras varias décadas de apoyo de esta Fundación a las Ciencias Sociales. En el caso argentino, también se recibió apoyo financiero, centralmente para bibliografía y armado de la base de datos de la CONEAU, de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

En sus diferentes etapas, la investigación contó con el apoyo de varias personas. Debemos agradecer el acucioso trabajo de levantamiento de datos y realización de entrevistas de Gabriela Alach y Verónica Beyreuther, la primera becaria del CONICET y la segunda asistente de investigación del CEDES. En México, Cecilia Oviedo, auxiliar de investigación del DIE-CINVESTAV, prestó invaluable auxilio en el procesamiento y análisis de datos, así como en la preparación editorial del libro. Es menester también extender un reconocimiento a Marisela Silva (México) y Sandra Nicosia (Argentina) por su profesional y eficaz trabajo de transcripción de decenas de horas de grabación. Por supuesto, el trabajo no habría sido posible sin el soporte de nuestras respectivas instituciones.


Notas

1 Otro 18% estaba cubierto por programas de Educación y Humanidades, con más de 15,000 estudiantes, el otro espacio disciplinar masivo.

2 En Educación y Humanidades: 21%.

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