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Capítulo III
Los estudios de posgrado en Argentina: una visión desde las
maestrías en ciencias sociales
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Conclusiones Un punto de partida para analizar la coherencia interna de estos programas de posgrado es examinar cuáles son sus objetivos. Según surge de la lectura de los folletos de las maestrías de Ciencias Sociales y de las entrevistas a los directores de los programas, podríamos distinguir tres tipos de objetivos: profesionales (obtención de una credencial), académicos y orientados a la resolución de problemas. En la mayor parte de los casos estas orientaciones no se presentan nunca en forma pura, pues en todos está presente la formación profesional, especialmente por las deficiencias, en cantidad y calidad, de puestos en el mercado de trabajo académico. Pero también en todos encontramos cierta orientación hacia lo académico, pues existe una real necesidad de formar docentes de posgrado en las Ciencias Sociales. Es probable que el origen de este aumento de la demanda de credenciales académicas haya sido el resultado de señales emitidas por la política pública al requerir títulos del más alto nivel para la actividad de docencia universitaria. Las oportunidades de que el posgrado sea finalmente acreditado por la CONEAU o que reciba fondos competitivos de programas como el FOMEC aumentan en la medida en que el plantel de docentes tiene mayor nivel de formación académica. A pesar de que la mayoría de las maestrías de Ciencias Sociales presenta múltiples objetivos, es posible distinguir un predominio más claro de lo profesional-credencialístico, en las de administración de empresas; de lo académico, en las de economía, sociología y ciencias políticas y una orientación hacia la resolución de problemas en las de corte interdisciplinario. En estas últimas, los planes de estudio están orientados hacia la producción de conocimiento sobre las propiedades de sistemas complejos, como el Estado y las políticas públicas, y no exclusivamente a una disciplina en particular y están, en el sentido de Gibbons , guiados por un contexto de aplicación y con una finalidad pragmática. Si bien estos son algunos rasgos de la función objetivo de los posgrados analizados, la plena expresión de la misma se plasma en los planes de estudio. Allí es donde es posible apreciar algunas limitaciones de estos proyectos. Posgrados académicos Frente a un mercado de trabajo académico estrecho en cantidad y calidad de los puestos disponibles, los posgrados con orientación académica incorporan también un objetivo de formación profesional, siguiendo las demandas de los estudiantes. Esto en cierta medida responde a la necesidad de los posgrados de reunir una masa crítica de alumnos como para poder financiar el programa. La dependencia exclusiva de los aranceles como fuente de financiamiento es por tanto uno de los factores principales que limita el alcance de los posgrados de alto nivel académico. Esta tensión entre lo académico y lo profesional se expresa en programas de estudio que ni son suficientemente rigurosos en el plano académico (por ejemplo, en el proceso de selección de los estudiantes o en las exigencias de actividades de investigación donde éstos deben participar) ni brindan oportunidades para que los estudiantes se capaciten en los lugares de trabajo. En otras palabras, no son ni genuinamente académicos ni profesionales. Las maestrías de economía, por ejemplo, logran articular mejor sus objetivos académicos que las otras Ciencias Sociales por la exigencia previa de que los estudiantes deben demostrar en un examen que cuentan con una base adecuada de conocimientos de la disciplina de grado. En cambio, en algunos programas de sociología, ciencia política o comunicación social, donde se admiten graduados con distinta formación de grado e inserción laboral, el peligro es la presencia de un universo sumamente heterogéneo. El que no medie un proceso previo de selección en función de los conocimientos de los estudios de grado puede conducir al fracaso de la formación académica avanzada en las maestrías disciplinarias, por estar obligado los docentes a transmitir contenidos correspondientes al nivel previo. Otro problema para llevar adelante un programa académico avanzado en el nivel de la maestría es la falta o debilidad de un nivel de doctorado con el cual aquel se articule. Cuando Clark (1997) hace referencia a la formación académica de alto nivel, donde se transmiten conocimientos tangibles y tácitos a través del grupo de investigación, lo que en realidad tiene en mente son los estudios de doctorado en el ámbito de las escuelas de posgrado. Es sorprendente que no existan en Argentina políticas que tiendan a fortalecer el doctorado en ciencias sociales (por ejemplo creando escuelas de posgrado donde participen un conjunto de instituciones), aun cuando ésta es claramente una de las debilidades de la planta de académicos en este campo disciplinario. Políticas como las emprendidas por el FOMEC contribuyen positivamente a sedimentar los programas de posgrado ya existentes de mejor calidad, como tradicionalmente han sido los de las Ciencias Básicas. Como consecuencia negativa, empero, refuerzan el “efecto Mateo” . Sobre la base de la frase del Evangelio según San Mateo que dice: “Pues al que tenga se le dará, y tendrá abundancia; pero al que no tenga se le quitará lo poco que tenga”, Merton (1973) asimila estas palabras a la acumulación del reconocimiento a las contribuciones científicas particulares de académicos de considerable reputación, y la negación de tal reconocimiento a los que todavía no se hayan distinguido. En el caso particular de las Ciencias Sociales, las políticas públicas no están diseñadas para estimular o crear espacios de calidad en este ámbito, sino para constatar y castigar su pobreza relativa en términos académicos e institucionales. Resulta paradójico que no se desarrollen políticas en este sentido cuando cada día más las señales que se emiten a través de los distintos programas de gobierno refuerzan la imagen de que tanto un docente universitario como un investigador deben poseer el título de doctor. La posibilidad de firmar acuerdos con universidades extranjeras prestigiosas y la alta movilidad que hoy tienen los docentes en el nivel internacional favorecen un intercambio más dinámico y fluido con las mejores universidades del mundo. Esto es particularmente importante para la reconversión de la actual planta docente, una alta proporción de la cual se encuentra ya fuera de los límites de edad aconsejables para realizar un doctorado en el exterior. En el plano de la formación académica en Ciencias Sociales, parecería entonces importante la formulación de una línea de política tendiente a crear una masa crítica de investigadores y que trate de recuperar la importancia de los alumnos con dedicación exclusiva, no centrando sólo el interés en el compromiso “exclusivo” de los docentes. En definitiva, un programa para el fomento del doctorado de alta calidad con fondos para becas y para proyectos de investigación, donde se involucren tanto docentes como alumnos, y para financiar cátedras con profesores extranjeros y nacionales de alto nivel. Cabe en este sentido tener en cuenta que tal como lo destaca Clark, el desarrollo del nexo entre la investigación, la enseñanza y el aprendizaje requiere, en el actual contexto de educación masiva y recursos escasos, que el nexo se concentre en unas pocas instituciones. Dado que los posgrados académicos tienen un componente mayor de bien público que los profesionales, las becas servirían para contrarrestar las fallas de mercado que llevan a una subinversión de este tipo de formación entre los egresados de Ciencias Sociales. En particular, se observa que para este tipo de maestrías la demanda es más reducida .Bajo las actuales condiciones de financiamiento exclusivo a través del arancel, no se logra reunir una masa crítica que garantice la estabilidad del programa y la realización de una evaluación rigurosa del aprendizaje logrado por los alumnos. Así como parece necesaria una mejor articulación entre las maestrías académicas con el doctorado, así también se requiere una articulación más natural con el grado. Como ya señalamos previamente, el modelo de maestría anglosajona se incorporó como posgrado a nuestro título de licenciatura, sin mediar cambios importantes en éste. Un primer problema es la larga duración de los programas, lo cual explica el perfil de edad de los alumnos, por encima de los 35 años. Difícilmente pueda diseñarse un programa de becas para estudiantes de tal edad que realmente garantice que éstos no trabajen. Un segundo problema es el carácter más profesional que se le suele imprimir a los programas de grado, cuando el título profesional en el modelo de maestría anglosajona se adquiere precisamente recién en este último nivel. Posgrados aplicados Si bien la consolidación de posgrados de corte académico es necesaria para mejorar la calidad de los estudios de Ciencias Sociales en Argentina, también es cierto que tal como sucede en los países industrializados, el principal papel de las maestrías es brindar formación para el mercado no académico, formar como afirma Gibbons (1998), “analistas o reconfigurados del conocimiento”, consultores y diseñadores de políticas de alto nivel. A diferencia de la modalidad del paradigma de la ciencia tradicional, centrada en una disciplina, esta nueva modalidad de producción de conocimiento transdisciplinario y centrado en un problema, requiere que el conocimiento tácito sea transmitido a través de prácticas en los lugares de trabajo. Bajo estas condiciones, las universidades deben convertirse en instituciones “porosas”, más abiertas y dinámicas en la búsqueda de alianzas y asociaciones de lo que lo son actualmente. Esta modalidad de producir conocimiento se comienza a vislumbrar en algunos de las maestrías analizadas, particularmente en aquellas de corte interdisciplinario. Empero, una importante deficiencia en muchas de ellas es la falta de actividades de entrenamiento y aprendizaje a través de pasantías en los lugares de trabajo, tanto del sector público como del privado. En parte esta configuración de nuevos espacios de aprendizaje está presente en algunos de los programas interdisciplinarios analizados, donde se incorporan prácticas obligatorias de pasantías, tesis orientadas según las necesidades del sector público o de las ONGs, trabajos de resolución de problemas de las PyMES, etc. Pero estos casos son más la excepción que la regla. También las maestrías profesionales e interdisciplinarias han logrado cierto grado de “porosidad” gracias a la creciente internacionalización. La misma se ha alcanzado a través de la firma de convenios que sellan acuerdos con universidades extranjeras para la realización conjunta de programas y el intercambio de docentes y alumnos. Resta empero, mucho por avanzar en este campo, particularmente en lo que respecta a la realización de acuerdos con el sector público y privado local. Al igual que en el caso de los programas de corte académico, una de las principales deficiencias en el funcionamiento de las maestrías profesionales y las orientadas a la solución de problemas es el bajo número de graduados. Un programa de becas para los estudiantes de edad adulta y de dedicación parcial es un elemento que puede contribuir en tal dirección. También puede actuar positivamente en igual sentido un sistema de supervisiones y tutorías que guíen el proceso de aprendizaje y transmita el conocimiento tácito de la práctica de investigación. Siendo que en este caso el interés de los alumnos se vuelca especialmente hacia problemas del sector público y privado, sería esperable la existencia de financiamiento proveniente de múltiples fuentes, principalmente de aquellos sectores beneficiados por el avance del conocimiento en este campo particular. A diferencia de los posgrados de corte académico, los posgrados orientados a resolver un problema no requieren necesariamente de que todos los profesores tengan dedicación exclusiva. Basta que un núcleo reducido de docentes detenten tal condición, permaneciendo el resto con dedicación parcial y contratos flexibles. Con ello se garantiza la presencia de especialistas con amplia trayectoria, no sólo académica sino también profesional. Finalmente, en la consolidación de estos programas es crucial que los controles de calidad se ajusten a esta nueva modalidad de producir conocimiento. Es posible que, más allá de deficiencias genuinas en la calidad de los programas, las fallas de las Ciencias Sociales en los procesos de acreditación puedan adjudicarse a que el instrumento de medición de la calidad sea adecuado para los programas de corte académico, pero no necesariamente para los de tipo aplicado. Si esta hipótesis fuera correcta, un desafío sería poder construir un instrumento de medición que no respondiese exclusivamente al modelo tradicional o modalidad 1 de producir conocimiento, sino también al modelo orientado a solucionar problemas.
La alta descentralización que prevalece en la gestión de estos programas de posgrado y su flexibilidad para adaptarse a las
condiciones y nuevos desafíos que plantean los cambios sociales y económicos, los torna especialmente aptos para la
innovación. En particular, frente a un entorno institucional –centrado en los estudios de grado– fuertemente conservador y
burocrático. |