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Capítulo V


LAS EXPERIENCIAS DE ARGENTINA Y MÉXICO

Introducción

Antecedentes

El rápido crecimiento del posgrado en América Latina es un fenómeno reciente. Salvo Brasil que experimentó una expansión acelerada desde la década de los años sesenta, en el resto de los países los estudios de posgrado cobraron fuerte impulso a partir de la década de los setenta. Argentina, a diferencia de México, inició su fase expansiva apenas hace diez años.

Diversas fuerzas intervinieron en el proceso expansivo: el crecimiento de los egresos en el nivel de licenciatura, la ampliación de las expectativas educativas de sectores medios con estudios superiores, el creciente mercado de profesionales con títulos de maestría y doctorado y, en algunos casos, las políticas públicas que estimulan directa o indirectamente la apertura de programas. En el entorno se dibuja una sociedad que exige mayores contenidos científicos y tecnológicos en las actividades económicas y culturales.

También los posgrados en Ciencias Sociales experimentaron este rápido crecimiento. Los más dinámicos han sido aquellos ligados a la formación profesional avanzada, dirigida a nutrir de cuadros calificados a las empresas privadas y a los gobiernos para la toma de decisiones, la generación de diagnósticos o la resolución de problemas. Al mismo tiempo, se observa una veloz expansión en los posgrados destinados a abastecer de títulos a una demanda más atenta a las señales credencialistas de los mercados de trabajo que a las necesidades de calificación experta. Los posgrados académicos, cuyo objetivo básico es producir investigadores, fortalecer los campos de estudio y formar docentes –típicamente posgrados en áreas disciplinarias como la sociología– muestran dinamismos que, aunque menores que en los posgrados de corte profesional, expresan la progresiva maduración de comunidades académicas y la ampliación de las capacidades institucionales de investigación relativamente nuevas en la región.

Argentina es un caso de excepción pues, no obstante la rudeza con que fueron tratadas las Ciencias Sociales durante la dictadura militar que gobernó el país de 1976 a 1983, se había generado una tradición de investigación y de ejercicio profesional, particularmente en Buenos Aires, reconocida por las comunidades académicas de América Latina y por la sociedad argentina en su conjunto. La importancia de la producción de un ramillete de centros académicos independientes y la preeminencia de muchos científicos sociales argentinos confirman el vigor de la producción en este país. Sin embargo, salvo algunos programas de economía que adoptaron la estructura del doctorado universitario francés, esta tradición no se tradujo en innovaciones institucionales que dieran cabida a la formación avanzada a través de maestrías vinculadas a doctorados en el marco de escuelas de posgrado u organizaciones equivalentes. Por otra parte, sólo un par de estos centros independientes se convirtieron en universidades, permaneciendo el resto centralmente vinculados con actividades de investigación, consultoría y, a través de alianzas celebradas con distintas universidades, ofreciendo maestrías. México partió de una situación distinta. Hasta hace pocos años, el diagnóstico sobre las Ciencias Sociales era su bajo desarrollo, su pequeñez, su excesiva concentración en unas cuantas instituciones de la ciudad de México y sus desiguales calidades. Salvo la producción de pocos establecimientos, las Ciencias Sociales en México no gozaban del prestigio científico equivalente al que tienen otras áreas científicas y tecnológicas (naturales, exactas, ingenierías). Esto se expresaba en los posgrados: había pocos y de muy desigual calidad. La exigencia académica de mejores calificaciones para la docencia, así como las demandas externas de profesionales con títulos de posgrado son fenómenos recientes. Todavía en el primer tercio de la década de los ochenta el horizonte profesional de quienes cursaban estudios superiores era la licenciatura y para quienes se interesaban en carreras académicas era la maestría. Los doctorados eran incipientes y poco demandados. Muchas instituciones carecían de personal académico capaz de abrir y sostener programas de posgrado.

Los temas y ejes de la comparación

En esta tercera parte analizamos los cambios más significativos en los posgrados de Ciencias Sociales en México y Argentina y abordamos comparativamente los principales procesos observados en 19 programas en Argentina y 15 en México. Uno de nuestros propósitos fue conocer las diferencias entre programas de disciplinas diversas, adscritos a los sectores público y privado. Los ejes que ordenan nuestra indagación comparativa son las características del desarrollo de las disciplinas en el contexto de su enseñanza avanzada; los procesos institucionales que posibilitan una mayor o menor congruencia entre los fines, la organización y el financiamiento de los programas; y las implicaciones que han tenido las políticas recientes en los distintos programas estudiados.

Nos interesa especialmente centrarnos en aquellos aspectos de las disciplinas referidos a las prácticas de producción y reproducción de conocimientos. Detenerse en los cambios en los contenidos disciplinarios hubiese implicado un largo rodeo que excedía los propósitos de este proyecto. En cambio, hemos puesto nuestra atención en las formas cómo los posgrados en Ciencias Sociales se insertan en las tendencias mundiales de transformación de las formas clásicas o disciplinarias de producción de conocimiento hacia una forma de producción centrada en problemas con intervención inter o transdisciplinar, en contextos de aplicación y bajo modalidades colaborativas en grupo.

Dado que una de las preocupaciones centrales del proyecto es estudiar las innovaciones o cambios recientes en los posgrados de Ciencias Sociales, dirigimos también nuestra mirada hacia las relaciones entre los fines, la organización académica y el financiamiento de los programas. La congruencia entre estos elementos se ha revelado crucial para entender las vías de desarrollo que los diferentes programas han adoptado. Los objetivos de las instituciones suelen estar saturados de intenciones y a menudo expresan las ideologías que contradictoriamente conviven en el seno de organizaciones complejas como son las universidades. La claridad de los objetivos y la organización académica puesta al servicio de éstos genera condiciones de éxito de los programas. En la organización académica se incluyen temas tales como los modelos institucionales, las formas de gobierno, la profesión académica, la gestión del currículo, las formas de vinculación de la investigación y la docencia y las relaciones con el mundo profesional externo. En un marco de restricciones presupuestarias públicas, los posgrados han debido buscar formas de financiar sus actividades, principalmente a través del expediente de las cuotas de matrícula, del concurso por fondos de becas y, en algunos casos, de financiamientos nacionales e internacionales de proyectos de investigación que apoyan a estudiantes para la conclusión de sus tesis. La búsqueda de recursos, así como su asignación, es una forma de la competencia que ahora se exhibe claramente en el mundo del posgrado. No sólo se procuran recursos sino también clientelas y profesores; los programas se insertan en diferentes espacios dentro de un mercado diverso de ofertas formativas y títulos.

Los programas adoptan y se adaptan a sus cambiantes entornos. En particular, las políticas públicas constituyen parte de este contexto que en los últimos años tiene incidencia directa en el posgrado. A su modo Argentina y México, a través de sus políticas públicas, han delineado una nueva forma de valoración de las actividades académicas que se acerca a patrones clásicos de atribución de prestigios y definición de las calidades. Los posgrados se ven influidos por los diversos instrumentos de regulación y aseguramiento de la calidad, pero las políticas producen efectos no esperados en el comportamiento del posgrado. Un segmento de los posgrados ha respondido positivamente a las políticas, mejorando el nivel formativo de su profesorado, buscando elevar sus indicadores de eficiencia y concursando para obtener el prestigio que dan las agencias encargadas de distribuir los reconocimientos de calidad, la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) en Argentina para todos los posgrados y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) en México para los posgrados de investigación. Pero incluso para los programas que no se acercan a las políticas públicas, éstas han constituido un referente ineludible. Para unos, permanecer fuera es apostar a la ocupación de nichos de mercado en los que se buscan títulos indiferenciados con pocas consideraciones respecto a su calidad.

En el capítulo VI se hace una breve descripción comparativa de los posgrados de Ciencias Sociales, señalando las principales tendencias observables en la expansión de este nivel en Argentina y México. Posteriormente, en el capítulo VII, se brinda una síntesis de las principales políticas que directa o indirectamente han incidido sobre el desarrollo y funcionamiento de los posgrados en cada país. En el capítulo VIII se exponen los principales hallazgos del análisis efectuado en los programas estudiados. En el capítulo IX, que corresponde a las conclusiones del estudio, exponemos los rasgos más importantes de los posgrados en Ciencias Sociales en Argentina y México, las vinculaciones que establecen éstos ante el mercado y las políticas, las características más sobresalientes de los casos analizados, proponemos una reflexión sobre la necesaria congruencia entre las misiones, objetivos y organización académica y, por último, enunciamos algunas implicaciones para las políticas hacia el posgrado.

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