navegación


Capítulo II


El desarrollo del posgrado en México en las décadas ochenta y noventa

LA EXPANSIÓN Y DIFERENCIACIÓN DEL POSGRADO

En los años noventa ocurrió un proceso de rápida multiplicación y diferenciación de la oferta educativa en posgrado. Todavía hace poco tiempo las grandes universidades públicas eran impulsoras casi exclusivas de este nivel. Compartían esta responsabilidad con unas cuantas instituciones privadas. La oferta de posgrado se concentraba en el Distrito Federal y un reducido número de ciudades del interior del país. La actividad estaba centrada fundamentalmente en ofrecer maestrías, la especialización y el doctorado sólo se impartían en algunas instituciones del Distrito Federal; el posgrado que se ofrecía tenía una fuerte orientación profesional, consistía en programas de actualización o de especialización en carreras de corte tradicional: medicina, ingeniería, administración y, en menor medida, humanidades.

Desde entonces el posgrado ha registrado cambios significativos: creció enormemente la base institucional; se multiplicó y diversificó la oferta de posgrado; se extendió geográficamente hasta abarcar todos los estados del territorio nacional.

Un cambio sustantivo fue la importante recomposición inter e intrasectorial que experimentó el sistema: creció aceleradamente la participación del sector privado en los diferentes niveles del posgrado, pero también la presencia de instituciones públicas universitarias y no universitarias. Emergieron instituciones dedicadas exclusivamente a atender demandas específicas de mercado de posgrados; otras, con una misión claramente definida en el campo de la investigación, abrieron posgrados como vía estratégica de formación y reproducción. Estos cambios fueron generadores de nuevas dinámicas sistémicas, mismas que se vieron fortalecidas por la colocación del tema del posgrado en la agenda de políticas.

En los noventa hay un nuevo énfasis en criterios de calidad internacional para el posgrado y la investigación científica. En el ámbito de las políticas en México esto se tradujo en impulso al posgrado y a la investigación mediante diversos programas gubernamentales, mismos que fluyeron principalmente por la vía del CONACyT –y posteriormente también vía PROMEP– con un acentuado énfasis en criterios de calidad para los programas de posgrado.

El propósito de este apartado es mostrar algunos rasgos del proceso de expansión y diferenciación del posgrado mexicano. Interesa de manera especial destacar los cambios experimentados en la década de los noventa. Con tal propósito, presentaremos fotografías de rasgos muy particulares del posgrado mexicano en dos momentos distintos: 1980, año en que inicia la etapa de vertiginoso crecimiento del posgrado y 1997, que nos permite mostrar su panorama actual. La última sección estará dedicada a dar cuenta de algunos rasgos en el desarrollo de los posgrados en ciencias sociales y administrativas.

Introducción

En 1970, el desarrollo del posgrado era labor de muy pocas instituciones educativas; había un total de 13 instituciones en el país que atendían a 5,753 estudiantes. El 75% de la matrícula se concentraba en el Distrito Federal (UNAM -56%-, IPN -8%-, CINVESTAV, Colegio de México y la Universidad Iberoamericana1). Sólo había otra ciudad más que de manera importante impulsaba el posgrado, era Nuevo León, con la presencia de dos instituciones: la Universidad Autónoma de Nuevo León, pública, y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), una de las instituciones privadas más consolidadas del país. Ambas instituciones atendían al 20% de la matrícula de posgrado del país, con una diversificada oferta de maestrías que abarcaba las áreas de administración, ingenierías, medicina, agricultura, química, lengua, matemáticas.

La matrícula restante, sólo un 5%, quedaba distribuido en dos universidades públicas (las de Guanajuato y Guadalajara, cada una con un sólo programa de maestría y cinco estudiantes inscritos), dos escuelas de agricultura (la de Chapingo, con 279 estudiantes y la de Agricultura Tropical de Tabasco, con sólo cinco) además de dos escuelas públicas no universitarias, una para formar maestros y otra de salud pública.

Salvo la participación del ITESM y la UIA, la actividad del posgrado era una tarea predominantemente pública y a cargo de las universidades. Estaba centrada en las maestrías (la única institución que en 1970 ofrecía especialización era la UNAM). El nivel de doctorado no se ofrecía en ninguno de los estados del país. Lo poco que había se concentraba en unas cuantas instituciones del Distrito Federal, una de ellas era la UIA, que ya entonces ofrecía dos programas de doctorado.

Los ciclos de expansión

La primera ola expansiva del posgrado

Entre 1970 y 1980, la base institucional de posgrado se había ampliado. El número de instituciones que ofrecían posgrado habían pasado de 13 a 92 (ver Cuadro II.1). El número de programas había crecido dos veces más respecto del primer año: el crecimiento más intenso se registró en el nivel de maestría, donde los programas se multiplicaron de 124 a 456; en el nivel de especialización los programas pasaron de 50 a 162. Los programas de doctorado también crecieron, aunque lo hicieron a un ritmo considerablemente menor: de 52 a 79 programas. Como veremos más adelante, el auge del doctorado es un fenómeno propio de los noventa.

La matrícula del nivel maestría es una de las que más creció en la década 1970-1980. El número de programas de este nivel creció 2.7 veces y la población estudiantil lo hizo 4.4 veces (de 3,240 a 17,333 estudiantes). El nivel de especialización también tuvo un importante crecimiento en este periodo: el número de programas y la matrícula crecieron alrededor de 2.5 veces. A diferencia de aquellos dos niveles, la población inscrita en doctorado registró un ligero aumento en la década (de 722 a 849 estudiantes).

Cuadro II.1
Expansión del posgrado 1970, 1980 y 1997. México


  1970 1980 1997 Incremento 1970-1980 % Incremento 1980-1997 %
No. de instituciones
No. de programas
Especialización
Maestría
Doctorado
13
226
50
124
52
92
697
162
456
79
321
2,705
874
1,532
299
607.7
208.4
224.0
267.7
51.9
248.9
288.1
439.5
236.0
278.5
Matrícula
Especialización
Maestría
Doctorado
5,627
1,665
3,240
722
24,313
6,131
17,333
849
86,218
21,596
58,464
6,158
332.1
268.2
435.0
17.6
254.6
252.2
237.3
625.3

Fuente: 1970: ANUIES, La enseñanza superior en México. 1980 y 1997: Base de Datos del Seminario de Educación Superior, DIE-CINVESTAV, elaborada a partir de ANUIES, Anuarios Estadísticos.

En este periodo, además de que se multiplicaron los programas de maestría, aumentó el número de estudiantes. En 1970 el promedio de alumnos por programa era de 26, en 1980 había aumentado a 38 y así se ha mantenido hasta la fecha. Esta intensa expansión de las maestrías tiene como uno de sus principales motores las dinámicas generadas por la veloz expansión que experimentó el sistema superior en el nivel licenciatura desde mediados de los sesenta. Los años de expansión no regulada en la licenciatura crearon un importante mercado ocupacional dentro de las propias instituciones educativas. Estas requerían de recursos académicos que fueron provistos, en lo inmediato, por el propio egreso de la licenciatura y, como estrategia de mediano y largo plazo, por los posgrados, especialmente maestrías, que fueron vistas como el ámbito de formación y actualización de los recursos académicos. Entre 1970-1980, sólo en licenciatura, se generaron cerca de 45 mil nuevos puestos académicos2. La matrícula de posgrado en 1980 era de 24 mil.

Cuadro II.2
Expansión de puestos académicos en licenciatura 1961, 1970, 1980 y 1990. México


Año No. de académicos
1961
1970
1980
1990
10,749
25,056
69,214
105,058

Fuente: Gil Antón, et al., (1994, p. 28).

Esta primera ola expansiva del posgrado fue alimentada principalmente por dos vías: la demanda natural de los egresados de licenciatura de las crecidas instituciones y la apertura de posgrados en las instituciones educativas, que vieron en este nivel una vía para asegurar la formación de los recursos académicos que la expansión les demandaba.

La crisis de los ochenta y su impacto en el crecimiento del posgrado

Entre 1980 y 1997 es visible el gran crecimiento que experimentó el posgrado en los tres niveles (ver Cuadro II.1). Los programas siguieron multiplicándose: en el periodo se abrieron 712 nuevos programas en el nivel de especialización; 1,076 en el de maestría y 220 en doctorado. También aumentó de manera significativa la matrícula de los diferentes niveles: creció 2.5 veces la población inscrita en especialización, 2.3 la de maestría y 6.3 veces en el doctorado.

Es importante, sin embargo, detenernos a observar el comportamiento del crecimiento en este periodo de 17 años. En la Gráfica I.1 (ver también Cuadro 1 del anexo) podemos destacar claramente dos periodos: de 1982 a 1988, en donde el primer año corresponde al punto de crecimiento más alto de la primera ola expansiva del posgrado. Estos años se caracterizan por cierto estancamiento en el crecimiento, con excepción del nivel de especialización, que observa una tendencia sostenida de expansión desde los años setenta. Un segundo periodo arranca en 1989 y se caracteriza por el vigoroso crecimiento de los tres niveles del posgrado, de manera destacada el doctorado. Este segundo periodo, más identificado como fenómeno de los noventa, corresponde a la segunda ola expansiva del posgrado. Hablaremos de ella más adelante, por ahora interesa considerar algunos de los factores que contribuyeron a la contención del crecimiento en los años ochenta.

Gráfica II.1
Matrícula de posgrado por nivel, 1980-1997. México

La crisis económica de 1982 inauguró un periodo de casi una década de estancamiento productivo con alta inflación (Kent et al., 1998: 213). Las prioridades gubernamentales fueron el control inflacionario y la reducción del aparato estatal. Esto se tradujo en restricción del gasto público, con su consiguiente impacto en el sector educativo 3. No obstante, aun cuando el gasto destinado a educación superior no fue uno de los más afectados por la crisis, se alteraron los ritmos de crecimiento que observaba el sistema.

Durante buena parte de los ochenta es visible el estancamiento en el crecimiento de la matrícula de maestría y doctorado. Entre 1982 y 1988 las cifras fluctúan con leves aumentos o disminuciones en torno a la cifra registrada en el primer año. En el caso de maestría revelan no obstante cierto empuje hacia el crecimiento, el cual es moderado en algunos de estos años, pero se vuelve significativo y sistemático a partir de 1989.

En los años de crisis los programas de especialización continuaron multiplicándose y su población estudiantil siguió creciendo en forma galopante, en particular en el área de ciencias de la salud. Desde mediados de los años sesenta esta área había experimentado un crecimiento abrumador en el nivel de licenciatura, tanto que fue una de las primeras carreras en las que se establecieron cuotas de ingreso para controlar el crecimiento. Había presión por una mayor formación de parte del numeroso contingente de egresados del periodo de expansión y la vía formativa característica en el área fueron las especializaciones. Estas dejaron de ser territorio exclusivo de la UNAM. Varias universidades del país empezaron a ofrecer programas de especialización, la inmensa mayoría en el área de ciencias de la salud.

La segunda ola de expansión en un nuevo entorno de políticas

Ya en los noventa hay un crecimiento sistemático del posgrado. Empiezan a verse los primeros resultados de la recuperación económica, los recursos federales hacia el posgrado vuelven a fluir de manera importante, recuperando en términos reales la tendencia de principios de los ochenta. Este nuevo entorno es fortalecido por las políticas. En los noventa hay un claro interés gubernamental en promover el posgrado. Este se convierte en una prioridad del sistema de educación superior y del de ciencia y tecnología.

La importancia de este hecho se remonta a inicios de la década de los ochenta, cuando se creó el Sistema Nacional de Investigadores, y continua con el diagnóstico del posgrado con vistas a reformar los objetivos y el funcionamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología a partir de 1989. En los noventa, la creación del PACIME4 , los programas de apoyo al posgrado y la formulación del Padrón de Excelencia del Posgrado de CONACyT vinieron a confirmar e institucionalizar este movimiento5. En el mismo sentido se han proyectado más recientemente los programas promovidos por la SESIC como SUPERA y PROMEP6. Estos últimos agregaron algo nuevo (aunque sea un viejo anhelo): el objetivo de que los académicos contaran con estudios de posgrado, en un país donde más del 60% de los académicos cuenta únicamente con la licenciatura. De la misma manera, otros programas federales, como el FOMES, canalizaron recursos adicionales para fortalecer el posgrado en las instituciones públicas.

El resultado ha sido una notable expansión del posgrado. En 1997 había 86,218 estudiantes inscritos en 2,705 programas 7: 32% de especialización, 57% de maestría y 11% de doctorado. Aumentó el número de instituciones que ofrecen posgrado a 321. Creció en forma significativa la participación del sector privado en este nivel. Se diversificó la oferta; se amplió la cobertura geográfica, emergieron y se fortalecieron nuevos tipos de instituciones y modelos de posgrados; surgieron programas bajo esquemas organizativos innovadores. Todo esto generó cambios en las dinámicas sistémicas del posgrado. Veamos algunos de sus rasgos.

La participación sectorial en los diferentes niveles del posgrado

En 1980, la oferta de posgrado en México estaba constituida por 697 programas, más de dos terceras partes correspondían a maestrías, un 23% a especializaciones y un 11% a doctorados. En estos programas eran atendidos 24,313 estudiantes, poco más de la cuarta parte de la actual población de posgrado; un 4% de los estudiantes estaba inscrito en el doctorado. Ya entonces había crecido la participación del sector privado. Este ofrecía 130 programas y atendía al 24% de los estudiantes de posgrado (5,911) (Cuadro II.3)

Las especializaciones, diez años atrás ofrecidas exclusivamente en la UNAM, experimentaron una importante expansión en el sector público. Dicha expansión estuvo centrada en el área de Ciencias de la Salud, que reunía alrededor del 90% de los programas de especialización. El resto de los programas estaba orientado hacia profesiones tradicionales como administración y derecho.

El crecimiento en las especializaciones corrió a cargo, fundamentalmente, de las universidades públicas de los estados: la Universidad de Guadalajara (Jalisco), con 27 programas; la Universidad Autónoma de Nuevo León (Nuevo León), con 24 programas (cuatro de éstos en administración); la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea (institución pública a cargo del gobierno federal), con 16 programas. Otras seis universidades públicas inauguraron su oferta en este nivel, con un reducido número de programas: las autónomas del Estado de México, Coahuila, Chihuahua y Tamaulipas, además de la Universidad Veracruzana, con opciones centradas en el derecho y la Autónoma de Ciudad Juárez (Chihuahua), con la primera especialidad en Ciencias de la Educación, fuera del ámbito de las escuelas normales. Estas instituciones ofrecían en conjunto 22 programas de especialización.

Las instituciones privadas incursionaron en la oferta de este nivel, aunque apenas con 14 programas. Participaban tres: la Universidad Autónoma de Guadalajara (Jalisco), que junto con la Universidad de Guadalajara (pública), forman recursos altamente especializados en el campo de la medicina. Las otras dos universidades eran la Autónoma del Noroeste (Coahuila) y la Tecnológica de México (D.F.), ambas con un énfasis en campos distintos al de la medicina.

Cuadro II.3
Número de programas y matrícula de posgrado por nivel, 1980 y 1997. México


  Número de programas Matrícula
1980 1997 Incr. 1980 1997 Incr.
Abs. % Abs. % % Abs. % Abs. % %
Total Nacional
Especialización
Maestría
Doctorado
697
162
456
79
100.0
23.2
65.4
11.3
2,705
874
1,532
299
100.0
32.3
56.6
11.1
288.1
439.5
236.0
278.5
24,313
6,131
17,333
849
100.0
25.2
71.3
3.5
86,218
21,596
58,464
6,158
100.0
25.0
67.8
7.1
254.6
252.2
237.3
625.3
Instituciones públicas
Especialización
Maestría
Doctorado
567
148
347
72
81.3
91.4
75.9
91.1
2,010
680
1,063
267
74.3
77.8
69.4
89.3
254.5
359.5
206.3
270.8
18,402
5,909
11,739
754
75.7
96.4
67.7
88.8
59,908
16,926
37,585
5,397
69.5
78.4
64.3
87.6
225.6
186.4
220.2
615.8
Instituciones privadas
Especialización
Maestría
Doctorado
130
14
109
7
18.7
8.6
23.9
8.9
695
194
469
32
25.7
22.2
30.6
10.7
434.6
1285.7
330.3
357.1
5,911
222
5,594
95
24.3
3.6
32.3
11.2
26,310
4,670
20,879
761
30.5
21.6
35.7
12.4
345.1
2003.6
273.2
701.1

Fuente: Base de Datos del Seminario de Educación Superior, DIE-CINVESTAV.
Nota: En lo sucesivo, a menos que se indique lo contrario, la fuente de información de cuadros y gráficas es la Base de Datos de 1980 y 1997 del Seminario de Educación Superior, DIE-CINVESTAV, elaborada a partir de ANUIES, Anuarios Estadísticos.

El nivel que más había crecido en 1980 era el de maestría, concentraba el 71.3% de la matrícula total de posgrado. La oferta se había multiplicado velozmente y alcanzaba la cifra de 456 programas. Dicha expansión corrió a cargo de los sectores público y privado. En el primero se ubicaban aproximadamente tres cuartas partes de los programas y estudiantes de maestría del país. Este periodo se caracterizó por la apertura hasta entonces inédita del sector privado a la educación del cuarto nivel.

Este importante crecimiento se vio impulsado por dos vías: una fue la incorporación de 79 nuevas instituciones a las actividades de posgrado. En su mayor parte fueron instituciones que hasta entonces habían concentrado su actividad en la oferta de estudios en licenciatura. Este movimiento incluyó a instituciones privadas y públicas. Abrieron su oferta de posgrado numerosas universidades públicas en los estados, un reducido número de institutos tecnológicos, también públicos, y un número importante de universidades privadas, tanto en el Distrito Federal como en los estados.

La segunda vía fue resultado de la ampliación de la oferta de posgrado en las grandes instituciones públicas y privadas. Estas últimas multiplicaron sus programas de maestría, predominantemente bajo el esquema de las universidades públicas: extensión de la oferta académica en diversas áreas y niveles del conocimiento, con posgrados creados en estructuras organizativas de escuelas y facultades, es decir, separados de la investigación y con una orientación básicamente profesional.

Aquí se incluyen no más de 15 instituciones privadas, que actualmente conforman el subsector de instituciones establecidas en red, con sedes en un buen número de ciudades del país. En este periodo sin embargo, el impulso que estas instituciones dieron al posgrado estuvo centrado en ampliar y consolidar la oferta en el ámbito de acción de la casa matriz, con algunas excepciones, como el ITESM, que ya en 1980 ofrecía uno o cuando mucho dos programas de maestría en los campi de Guanajuato, Puebla, Querétaro, Sinaloa y Sonora.

En 1980 también había crecido la oferta del doctorado, sólo que a un ritmo bastante menor. Este nivel seguía siendo sostenido fundamentalmente por instituciones públicas. Estas concentraban el 91% de la oferta. Casi en su totalidad se ubicaban en el Área Metropolitana de la Ciudad de México (AMCM). Sólo dos universidades públicas de los estados ofrecían doctorado, la Antonio Narro (Coahuila) y la Universidad de Guadalajara, con un único programa cada una.

Gráfica II.2

Gráfica II.3

En este periodo, la expansión del doctoradose dió basicamente con la apertura de nuevos programas en las instituciones que ya ofrecian dicho nivel. No hubo ampliación de la base institucional, como se puede advertir en el Cuadro II.4.

Sólo dos instituciones nuevas empezaron a ofrecer programas de doctorado: el ITESM, cuya presencia es fuerte ya en esta época en el nivel de maestría, y el Colegio de Posgraduados, como institución dedicada exclusivamente a la formación en posgrado, con maestrías y doctorados. Ampliaron su oferta, aunque en forma moderada, instituciones como la UNAM, el Colegio de México y en el sector privado, la Universidad Iberoamericana. Ya en 1980 el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (CINVESTAV) revela la importancia de su proceso de desarrollo, con casi el doble de doctorados respecto de los programas registrados en 1970.

Cuadro II.4
Número de programas de doctorado por sector, 1970 y 1980. México


Sector / Año 1970 1980
Sector público
CINVESTAV
IPN
Colegio de México
UNAM
Colegio de Posgraduados
Otras instituciones públicas
Sector privado
Universidad Iberoamericana
ITESM
50
6
5
2
35

2
2
2
72
11
8
4
40
5
4
7
4
3

Recomposición sectorial en los años noventa

El panorama en 1997 es el de una expansión vigorosa en los tres niveles, alimentada tanto por instituciones públicas como privadas. El número de programas llegó a 2,705: 32% de especialización, 57% de maestría y 11% de doctorado. De éstos, tres cuartas partes correspondían a instituciones públicas y el resto a privadas.

Como podemos apreciar en el siguiente Cuadro II.5, en 1997 se destaca una importante recomposición de las instituciones que participan en la atención del cuarto nivel. No podríamos explicar las grandes tendencias atendiendo únicamente a la división público y privado. Dentro de cada uno de los sectores hay una compleja composición, que refleja, hasta cierto punto, diferentes formas de concebir el posgrado y su relación con la investigación y la docencia. Veamos algunos de sus rasgos.

Las instituciones públicas: posgrados profesionales y/o de investigación

En el sector público siguieron consolidándose instituciones como el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados y el Colegio de Posgraduados, ambos centros surgidos de la inquietud por la investigación y con una proyección del posgrado orientada por dicha misión. No ofrecen especialización. Su actividad está orientada hacia las maestrías y doctorados, mismos que integran el ciclo formativo en la investigación, en campos de la Ciencia Básica y Aplicada. Lo que podemos observar entre 1980 y 1997 es un aumento relativamente moderado en el número de programas que ofrecen ambas instituciones, sobre todo si se considera la expansión de otros subsectores. La ampliación de la oferta de posgrados está inmersa en un proceso que busca ir consolidando campos específicos de investigación (ver también Cuadros 2 y 3 del anexo: programas por sector y nivel 1980 y 1997).

Cuadro II.5
Programas de posgrado y matrícula en los diferentes sectores institucionales, 1980 y 1997. México


  1980 1997
P. % M. % P. % M. %
Instituciones Públicas 567 81.3 18,402 75.7 2,010 74.3 59,908 69.5
Centro de Investigación y Estudios Avanzados 29 4.2 441 1.8 42 1.6 1,171 1.4
Colegio de Posgraduados 14 2.0 432 1.8 31 1.1 652 0.8
Instituto Politécnico Nacional 43 6.2 1,220 5.0 95 3.5 3,058 3.5
Institutos Tecnológicos 14 2.0 457 1.9 108 4.0 3,178 3.7
Universidad Nacional Autónoma de México 203 29.1 9,245 38.0 243 9.0 16,159 18.7
Universidad Autónoma Metropolitana 10 1.4 151 0.6 38 1.4 1,045 1.2
Universidades Públicas
Subsistema SEP-CONACyT
207
21
29.7
3.0
5,472
459
22.5
1.9
1,243
61
46.0
2.3
27,503
1,233
31.9
1.4
Otras instituciones públicas
Univ. Pedagógica Nacional
26
3.7
525
2.2
89
59
3.3
2.2
3,466
2,436
4.0
2.8
Universidades Tecnológicas         1 0.0 7 0.0
Instituciones Privadas 130 18.7 5,911 24.3 695 25.7 26,310 30.5
Instituciones privadas consolidadas 43 6.2 1,636 6.7 145 5.4 5,791 6.7
Instituciones privadas consolidadas en redes 68 9.8 3,372 13.9 315 11.6 11,414 13.2
Pequeños establecimientos privados autodenominados universidades 3 0.4 49 0.2 73 2.7 1,697 2.0
Otras instituciones privadas 16 2.3 854 3.5 162 6.0 7,408 8.6
Total Nacional 697 100 24,313 100 2,705 100 86,218 100

P.: Programas. M.: Matrículas.
Fuente: Base de Datos del Seminario de Educación Superior, DIE, elaborada a partir de ANUIES, Anuarios Estadísticos.

Entre 1980 y 1997 no hay aumento en los programas de maestría que ofrece el CINVESTAV –a expansión de este nivel se dio en la década previa– pero prácticamente se duplicaron los programas en doctorado. Es interesante observar los cambios que se van gestando en este tipo de instituciones. Este centro de investigación inició actividades con aproximadamente siete departamentos, dedicados sobre todo a disciplinas de las Ciencias Exactas y Naturales. Cada departamento ofrecía por lo general dos programas, una maestría y un doctorado, ambos en el campo de investigación al que se dedicaba el departamento. En lo que podría ser una segunda etapa de desarrollo, hubo una importante expansión de los programas de maestría, que tenía correspondencia con un proceso de mayor especialización e hibridación de los campos de investigación. En el terreno de los posgrados es visible este desarrollo en la apertura de maestrías en nuevos campos formativos, y posteriormente, en la creación de programas de doctorado en la búsqueda de consolidación. En centros como el Colegio de Posgraduados, surgidos después de 1970, dicho proceso tiene una expresión tardía: entre 1980 y 1997 duplica el número de programas de maestría, al mismo tiempo que da un fuerte impulso al doctorado.

El Instituto Politécnico Nacional (IPN) y los Institutos Tecnológicos (IT), ambos públicos, registraron una veloz expansión en el posgrado. Entre 1980 y 1997, el IPN una de las gigantescas instituciones de educación superior en el Distrito Federal, abrió 52 nuevos programas; el segundo 94. Ambos subsectores se abrieron a la oferta de especializaciones que antes no tenían.

En 1997 el IPN contaba ya con 18 programas de especialización, 22 nuevos programas de maestría y 12 de doctorado. La expansión en esta institución abarcó principalmente tres áreas: Ciencias de la Salud (de seis a 29 programas), Ciencias Exactas (13 a 25) e Ingeniería y Tecnología (de 16 a 31).

La incorporación de los Institutos Tecnológicos a la atención del cuarto nivel fue un fenómeno tardío, posterior a los años ochenta: diez institutos ubicados en ocho estados del país ofrecían 14 maestrías en 1980. En 1997 participaban 39 institutos de 20 estados diferentes, con una oferta de 108 programas y 3,178 estudiantes.

Los IT empezaron a ofrecer programas de especialización y doctorado, niveles a los que no se habían dedicado y ampliaron significativamente la oferta de maestrías. Otro rasgo importante de la expansión del posgrado en los tecnológicos fue que empezaron a participar en áreas no tocadas por este sector hasta entonces: Ciencias Agropecuarias, y Ciencias Naturales y Exactas (con ocho y 14 programas respectivamente). Por otra parte, dieron un fuerte impulso al desarrollo de posgrados en ingeniería y tecnología: de 12 programas que ofrecían en 1980 pasaron a 65 en 1997. La expansión de esta área se concentró en las maestrías y en la apertura de nueve programas de doctorado.

Un hecho que llama especialmente nuestra atención, por tratarse de instituciones declaradamente orientadas al desarrollo tecnológico, es la apertura de 14 nuevos programas en el área de ciencias sociales y administrativas y de cuatro programas en el área de Educación y Humanidades. Pareciera como si los IT no pudieran apartarse de cierta inclinación a abrir programas que corresponden a un esquema más bien universitario, de fuerte orientación profesional. Los posgrados en los IT son diseñados en escuelas y facultades, pues a diferencia de las universidades, no cuentan con institutos de investigación.

Algo novedoso en los noventa es la presencia de las universidades tecnológicas (UT). Constituyen una aportación completamente nueva en el sector de instituciones tecnológicas y en los niveles tradicionalmente considerados en la educación superior 8 (Ibarrola y Bernal, 1995). Las primeras UT surgieron en 1991. Ofrecen estudios posteriores al de bachillerato con duración de dos años, después de los cuales se otorga el título de técnico superior universitario. En muy poco tiempo las UT se han multiplicado, en 1995 había 10 unidades en las que se ofrecían 11 carreras a una población de 5,868 estudiantes. La UT de la Mixteca (Oaxaca) ha incursionado en las actividades de posgrado con un programa de doctorado que cuenta con siete alumnos. Se trata del programa en electrónica y computación, cuya duración es de tres años. No disponemos de información sobre las características y requisitos de ingreso a este programa, pero no deja de llamarnos la atención la apertura de esta UT hacia el posgrado, con un solo doctorado. Si considerásemos la duración de los estudios para obtener el título de técnico superior universitario y los tres adicionales del programa de doctorado –suponiendo que el paso de uno a otro ciclo fuese directo–, estaríamos ante una inversión de tiempo similar a la que supondría cursar la mayor parte de los programas de licenciatura en una universidad, con una duración establecida alrededor de los cuatro años, más un tiempo adicional para la elaboración de la tesis, requisito que aún mantienen numerosos programas.

Han pasado pocos años desde que se crearon las UT para poder hablar de tendencias en el comportamiento de este subsector y de la orientación que pretende dar a su posgrado. No obstante, es un subsector al que se ha dado un fuerte impulso y sobre el cual hay previsiones de crecimiento para los próximos años. Habrá qué observar con detenimiento lo que ahí ocurra y cuánto esto pueda modificar el esquema de niveles y grados prevaleciente en la educación superior.

Veamos ahora el subsector universitario público. Es apabullante la expansión que registró el posgrado en las universidades públicas de los estados. Entre 1980 y 1997 se abrieron en este subsector 1,036 nuevos programas (de 207 a 1,243). Esta expansión abarcó los tres niveles: en la especialización se abrieron 417 nuevos programas, en maestría 509 y en el doctorado 110, crecimiento inédito si se toma en cuenta que en el primer año la oferta se limitaba a dos programas. Como señalamos anteriormente, este proceso fue impulsado por la sistemática incorporación de las universidades públicas a las actividades de posgrado. En 1997 prácticamente todas las universidades en los estados contaban con programas de posgrado. En su mayor parte fueron programas estructurados bajo el esquema de escuelas y facultades. La expansión de la oferta abarcó todas las áreas.

Uno de los rasgos característicos de la expansión en las universidades públicas es esa especie de sobrecarga en la actividad formativa. Siguiendo el modelo de la UNAM, las universidades en los estados fueron multiplicando los programas ofrecidos, tratando de abarcar la mayoría de los campos del conocimiento y, en su momento, los diferentes niveles formativos. Un área casi desatendida por este sector, la Agropecuaria, en 1997 ya contaba con 116 programas. La de Ciencias de la Salud creció fundamentalmente en el ámbito de las especialidades. El área de Ciencias Sociales y Administrativas, registró una importante expansión (de 47 a 326 programas), centrada en los niveles de especialización y maestría; el doctorado creció, sólo que en forma moderada (en 1997 este subsector contaba con 13 programas). El área de Educación y Humanidades registró una expansión más intenta: de 12 a 126 programas. El auge por los temas y currículos educativos también se vio reflejado en este subsector, especialmente en el nivel de maestría.

En el sector público presentamos en forma separada a la UNAM –al igual que lo hicimos con el IPN– ya que por sus dimensiones constituyen grandes subsistemas públicos. Separamos también a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), por ser después de aquéllas, la tercera institución pública de dimensiones importantes en el Área Metropolitana de la ciudad de México.

El panorama actual del posgrado en la UNAM presenta grandes cambios. Aumentó en forma bastante moderada el número de programas en los diferentes niveles: entre 1980 y 1997 se abrieron 40 nuevos programas: 15 en especialización, 16 en maestría y nueve en doctorado. Al indagar cuáles fueron las áreas que expandieron su posgrado, nos encontramos con un fenómeno similar al que marcó el desarrollo en el nivel de licenciatura en esta institución: algunas áreas siguieron creciendo, otras se estabilizaron y unas más experimentaron una fuerte reducción. Tres áreas siguieron expandiéndose: en primer lugar, Ciencias Sociales y Administrativas, cuya oferta pasó de 45 a 78 programas; Ciencias Exactas y Naturales, donde el número de programas se duplicó a 50 y, en menor medida, el área de Educación y Humanidades, que pasó de 22 a 34 programas. Dos áreas más, la de Ingeniería y Tecnología y la de Ciencias Agropecuarias, prácticamente estabilizaron su oferta de posgrados, pues tan solo aumentaron un programa cada una. En contraste, el área de Ciencias de la Salud experimentó una drástica contracción de su oferta: de 66 a 36 programas entre 1980 y 19979.

En el área de Ciencias Sociales y Administrativas la expansión tuvo como principal característica el crecimiento de la oferta en dos facultades: Contaduría y Derecho. La primera incursionó en el campo de las especialidades, abriendo siete programas y seis más en maestría. La segunda, multiplicando los programas de especialización de cinco a 12.

Esta expansión estuvo orientada hacia programas de actualización para los profesionistas en activo. Pero en otro sector de la UNAM la expansión contribuyó a fortalecer los posgrados en ciencias básicas y aplicadas. En el área de ciencias exactas y naturales crecieron en forma igualmente importante los programas de maestría y doctorado. Dicha expansión se concentró en tres dependencias: la Facultad de Ciencias, la de Química y en el Colegio de Ciencias y Humanidades (Ciclos Profesional y de Posgrado); se crearon nueve, cinco y siete programas respectivamente. Lo interesante de este proceso es que los diseños de estos posgrados, que tienen una común vocación hacia la investigación, son marcadamente diferentes. Por un lado, se ofrecen programas en la tradicional estructura de escuelas y facultades; por otro, se vigoriza la presencia del Colegio de Ciencias y Humanidades como institución promotora de un nuevo tipo de posgrado. Una de sus características es la búsqueda de un uso más eficiente de los recursos, mediante la participación de diferentes escuelas e institutos de investigación en el diseño y desarrollo de programas conjuntos. La unidad de posgrado del CCH fue la estructura formal que cobijó el lanzamiento de este tipo de posgrados. Hasta entonces la oferta de posgrado estaba asociada a escuelas y facultades.

Sin embargo, lo que ocurre en la UNAM con este nuevo modelo de posgrado no es exclusivo de dicha institución. Los posgrados en los que participan diversas dependencias o instituciones y cuya orientación es hacia la investigación son modelos emergentes que en los noventa cobraron enorme fuerza. Son novedosos en varios sentidos: en casi todos los casos integran el ciclo maestría-doctorado, son apuntalados con los esfuerzos y recursos humanos y financieros de las instituciones involucradas; la formación de los investigadores está orientada a la generación de ciencia aplicada; además, el tipo de investigación a desarrollar tiene un importante componente regional. En el Padrón de Excelencia se registran varios posgrados con estas características10. Otras instituciones están impulsando este modelo de posgrado. La UAP, por ejemplo, además de mostrar una clara diversidad en sus modelos de posgrado, pretende ofrecer programas de posgrado y proyectos de investigación compartidos por diversas unidades académicas. Lo mismo ocurre con la U. Autónoma de Aguascalientes y sus esfuerzos comprometidos en programas interinstitucionales. Veamos ahora el comportamiento del posgrado en otra institución pública.

La UAM también incrementó su oferta de posgrado a 38 programas en 1997: una década antes ofrecía diez y todos ellos de maestría. Empezó a ofrecer especializaciones y doctorados, cinco y ocho programas respectivamente. Dejó de concentrar su actividad sólo en dos áreas: Salud y Ciencias Exactas. La expansión del posgrado fue especialmente acentuada en el área de Ciencias Sociales y Administrativas, donde abrió 13 nuevos programas, sólo que en campos de las Ciencias Sociales y la Economía. Dos de los cuatro programas que se abrieron en el área de Ciencias Naturales y Exactas fueron doctorados que completaron el ciclo iniciado con las maestrías en Ciencias Biológicas y los otros permitieron incursionar en el campo de la biotecnología. La UAM empezó también a ofrecer cuatro programas en el área de Educación y Humanidades y extendió el abanico de opciones en el área de Ingeniería, de uno a siete programas. Una de las características de los programas de posgrado de la UAM es su desarrollo en campos disciplinarios. Esta institución, creada en 1973 para atender parte de la demanda de educación superior del Área Metropolitana de la ciudad de México, y especialmente de la UNAM, ha seguido un camino distinto al de ésta. Ha expandido reguladamente el posgrado, no se ha sobrecargado de programas y se ha orientado principalmente hacia la investigación.

Un subsector público producto de los noventa es el denominado Sistema SEP-CONACyT. Surge formalmente en 1992, cuando se transfieren a la SEP las atribuciones de coordinación y promoción del desarrollo científico y tecnológico de la desaparecida Secretaría de Programación y Presupuesto, y cuando a su vez, la SEP conviene en incorporar dichas funciones al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT).

Este subsector está conformado por 27 instituciones dedicadas a la investigación, ocho en el Distrito Federal y 19 en ciudades de los estados11. Tiene como propósito fundamental la descentralización de la actividad científica y tecnológica del país (CONACyT, www.conacyt.mx). Para ello, se brinda apoyo a aquellas instituciones de investigación que han mostrado potencial de crecimiento y consolidación en campos específicos de la investigación básica y aplicada.

De las instituciones que conforman el subsistema, 24 cuentan con programas de posgrado. La mayor parte de los mismos se encuentran incluidos en el Padrón de Posgrados de Excelencia del CONACyT12. Las actividades de docencia están orientadas casi exclusivamente al posgrado, aun cuando instituciones que forman parte de este subsistema como El Colegio de México y tiempo después el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), ofrecen un reducido número de licenciaturas de alta calidad.

Otro rasgo característico del Sistema SEP-CONACyT es que está integrado por un elevado número de científicos de alto nivel: aproximadamente una tercera parte de los investigadores adscritos a dicho sistema cuenta con el doctorado. Después de la UNAM y de las universidades públicas estatales, los investigadores del Sistema SEP-CONACyT representan el tercer grupo dentro del Sistema Nacional de Investigadores.

Entre 1980 y 1997 se crearon 40 nuevos programas de posgrado en este Sistema SEP-CONACyT (de 21 a 61 programas). Con excepción de un programa de especialización en estudios de la mujer ofrecido en El Colegio de México, las instituciones que conforman el Sistema ofrecen sólo maestrías y doctorados, predominantemente en dos áreas: Ciencias Sociales y Administrativas y Ciencias Naturales y Exactas (19 y 27 programas respectivamente). En Educación y Humanidades, y en Ingeniería y Tecnología su oferta es menor: seis y ocho programas. Ofrecen un programa en Ciencias de la Salud.

El Sistema SEP-CONACyT introduce cambios significativos en el panorama del posgrado. Es público, pero surge y se fortalece con el apoyo de las políticas de ciencia y tecnología fuera del ámbito universitario. No se concentra en el Distrito Federal. Salvo los casos señalados, la estructura organizativa de las instituciones que conforman el sistema no tiene esa pesada responsabilidad de la docencia en licenciatura. Su misión está fuertemente articulada por el vínculo entre la investigación, la docencia y el aprendizaje. En comparación con el común de las instituciones públicas son pequeños establecimientos en los que se realiza investigación básica y aplicada y se forma a los futuros investigadores. Los recursos académicos con los que cuenta para desarrollar su misión son de los más calificados del país.

Un fenómeno interesante en los noventa, es el aumento en la participación de un subsector público distinto en el posgrado. Se trata de instituciones que tienen una misión muy específica, por lo tanto, su oferta se da en campos muy acotados. Forman personal que labora en diferentes áreas del sector público (salud, cultura, procuración de justicia, artes, restauración de monumentos, etcétera). Dependen de diferentes instancias, generalmente gubernamentales: secretarías de estado, gobiernos estatales, municipales, etcétera. En 1980 no eran más de diez y ofrecían 26 programas, la mayor parte maestrías. Se concentraban en el Distrito Federal y tres ciudades de los estados. En 1997 eran aproximadamente 20, con 89 programas en campos de formación más diversos. Dan un impulso considerable a las especializaciones y se extienden a varios estados del país.

Gráfica II.4
Participación de instituciones públicas en la oferta de posgrado, 1980. México


Gráfica II.5
Participación de instituciones públicas en la oferta de posgrado, 1997. México


El último subsector público es el de la Universidad Pedagógica Nacional, institución dedicada a la formación y actualización del magisterio nacional y diferente de las escuelas normales que de antaño han realizado dicha actividad. No es el propósito de este trabajo abordar el complejo ámbito de la educación normal y los importantes cambios y reacomodos que ésta experimentó a principios de los ochenta. Tan sólo daremos algunos datos que nos permitan completar el panorama público del posgrado.

La UPN surgió a principios de los ochenta con un conjunto de programas de licenciatura para docentes en educación básica. Su propósito inicial fue promover la nivelación académica del magisterio. Conforme cobró fuerza la versión escolarizada de la UPN –en sus inicios el peso descansaba en la educación a distancia a la que se incorporaron maestros en activo– la institución estableció una amplia red con sedes en buena parte del país, diversificó los programas de licenciatura y abrió la oferta en el posgrado. En 1997 contaba con 31 unidades en 20 estados. En el posgrado ofrecía 59 programas, entre especializaciones y maestrías (no ofrece doctorado).

Un sector privado altamente diversificado

El mayor dinamismo en la expansión del posgrado se observó en el sector privado. Confluyeron diversos factores en dicho proceso: muchas de las instituciones privadas creadas con el propósito de atender la acelerada expansión de la licenciatura en los años setenta, fueron ampliando de manera creciente su oferta en este nivel y empezaron a abarcar las actividades de posgrado. También crecieron los sistemas institucionales establecidos en red, algunos profundizando su tendencia previa, otros incursionando en esta experiencia. Las instituciones privadas más importantes crecieron aún más, multiplicando con creces su oferta de posgrado y consolidando su actividad educativa en algunos campos formativos.

En los años noventa se atestiguó el surgimiento de un pequeño sector de instituciones privadas dedicadas exclusivamente a las actividades de posgrado, generalmente en un solo campo disciplinario –odontología y educación fueron los más destacados–. En estos años también proliferaron pequeños establecimientos privados dedicados a ofrecer un reducido número de programas en campos profesionales de gran demanda y bajo costo de inversión, como derecho, administración y contaduría. Otras instituciones, las menos, incorporaron a sus actividades tareas de investigación normalmente asociadas al quehacer de las instituciones públicas.

Gráfica I.6
Matrícula de posgrado por sector, 1985-1997. México


En 1997 el sector privado atendía a 26,310 estudiantes en 695 programas y 162 instituciones (esto último sin contabilizar las múltiples sedes de algunas de ellas). Aunque numéricamente el peso del sector público en la atención del posgrado ha sido dominante (Gráfica I.6), la participación de las instituciones privadas en las tareas del cuarto nivel creció consistentemente a tasas elevadas desde los años ochenta.

En sólo una década (1987-1997), la matrícula privada de posgrado se triplicó, superando con creces el ritmo de crecimiento del sector público, que en este mismo periodo duplicó la cifra de 1987. La matrícula atendida en el sector privado creció a un ritmo moderado en los años de la crisis económica de los ochenta, pero en la década siguiente experimentó un asombroso crecimiento, aumentando su participación al 30% de la matrícula. Esto se puede apreciar con más claridad en la Gráfica II.7.

Uno de los factores de este importante impulso privado se encuentra en la expansión previa que el mismo sector experimentó en el nivel licenciatura. Aunque no disponemos de los datos de flujo estudiantil en dicho sector, es posible suponer que uno de los motores de la expansión del posgrado privado ha sido la demanda generada por su propio sistema.

Gráfica II.7
Crecimiento porcentual anual de la población de posgrado por sector, 1985=100. México


Universidades, redes, colegios y pequeños establecimientos

Las instituciones que constituyen el denominado sector privado son muy heterogéneas. Difieren en misión, tamaño, grados de integración, campos que abarcan, etcétera. No hay un acuerdo ni clasificación oficial que dé cuenta de la heterogeneidad institucional de este sector13. Para explorar algunas características de los grupos de instituciones que lo componen, recurriremos a la clasificación empleada por Kent y Ramírez (1999).

En el posgrado, podemos identificar cuatro importantes grupos de instituciones privadas: las “consolidadas”, las “consolidadas en red”, las que se autodenominan “universidades” y los “pequeños establecimientos”. En el sector propiamente universitario se encuentran los dos primeros grupos. Las instituciones que lo componen tienen un importante grado de integración académica. Ofrecen un relativamente amplio abanico de programas de enseñanza en varios campos académicos y profesionales, cuentan con programas de posgrado, en algunos casos han incursionado en el campo de la investigación y, además, suelen cuidar que su planta de profesores tenga altos grados académicos. El tipo de contratación de los profesores, sin embargo, es altamente variable. Hay instituciones privadas con un alto porcentaje de profesores de tiempo completo, dedicados a la docencia y a la investigación. Otras instituciones recurren a la contratación de profesores por asignatura. En otras se contrata a profesores de tiempo completo que se dedican exclusivamente a la docencia.

En el sector no universitario se ubican las instituciones “autodenominadas universidades” y los “pequeños establecimientos”. Se caracterizan por ofrecer un reducido número de programas y orientar su actividad a atender segmentos específicos de la demanda de certificados. En general funcionan como pequeños negocios educativos, con una limitada infraestructura académica. Levy (1995) identifica a este tipo de instituciones como “absorbedoras de demanda”. Sin embargo, es importante mencionar que dentro del sector no universitario, actualmente se incluyen instituciones que parten de propósitos muy acotados y recursos limitados pero con el tiempo evolucionan hacia procesos de mayor integración académica. Esto es lo que Clark (1987) ha denominado proceso de “dignificación” institucional. Veamos cómo han participado en la expansión del posgrado cada uno de estos grupos de instituciones.

Gráficas II.8 y II.9
Distribución de instituciones privadas según el número de programas que ofrecen 1980 y 1997. México


Instituciones consolidadas. En 1997, el grupo de instituciones consolidadas estaba constituido por 19 establecimientos ubicados en ocho estados; principalmente en la frontera norte del país, Jalisco y el Distrito Federal. Ofrecían ya 145 programas de posgrado, dos terceras partes eran programas de maestría, poco menos de la tercera parte especializaciones y únicamente tres programas de doctorado. En 1980 sólo ocho instituciones “consolidadas” ofrecían estudios de posgrado. Eran 43 los programas y la cobertura geográfica se limitaba a cuatro estados, además del Distrito Federal.

Sus principales áreas de atención del posgrado han sido, en orden de importancia: Ciencias Sociales y Administrativas; Ciencias de la Salud; Educación y Humanidades, e Ingeniería y Tecnología. No ofrecen programas del área agropecuaria y escasamente abarcan el área de Ciencias Naturales y Exactas. Los únicos tres doctorados que ofrecen son dos en educación y uno en química; dos son ofrecidos por la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG).

Aunque reducidas en número, las instituciones que conforman este segmento han consolidado sus desarrollos en el ámbito local. Se distinguen por su amplia oferta, su importante infraestructura académica, pero también por ser instituciones que han logrado consolidarse en ciertos campos disciplinarios, en algunos casos incorporando a su misión las tareas de investigación 14. Algunas de estas instituciones gozan de importante prestigio fuera del país. Tal es el caso, por ejemplo, de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), destacada en el campo de la medicina y del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) que ganó presencia desde mediados de los sesenta con su escuela de economía, en la que se han formado generaciones con fuerte presencia en el aparato estatal15.

Instituciones establecidas en red. El segmento de instituciones privadas establecidas “en red” está constituido por nueve instituciones que en 1997 ofrecían 315 programas de posgrado en 38 establecimientos de 11 estados. Son dos las regiones en las que se ha asentado la oferta de posgrado de las redes: los estados de la frontera norte –con excepción de Tamaulipas– y los estados del centro del país, además del Distrito Federal16. El ritmo de crecimiento de este subsector fue considerablemente mayor al de las instituciones “consolidadas”. Este crecimiento descansó fundamentalmente en la apertura de sedes en las que se repetía la misma oferta reducida de programas de posgrado, no en la incorporación de nuevas instituciones. En 1980 eran seis las instituciones que constituían el subsector, con 68 programas y 15 establecimientos en el país.

La mayor parte de las instituciones que componen este sector son relativamente jóvenes: dos surgieron en los años cuarenta; cinco en la década de los sesenta y dos más en los setenta. Las dos más antiguas ofrecían posgrados desde finales de los sesenta, en tanto que las restantes empezaron a hacerlo casi una década después, es decir, a mediados de los setenta. La ampliación de la plataforma institucional que registraba este subsector en 1997 se dio con la incorporación de tres instituciones: Universidad Cuauhtémoc y Universidad del Valle de Atemajac, instituciones jóvenes dentro del sistema educativo y de carácter netamente regional. La tercera fue la Universidad Panamericana, institución que empezó a ofrecer tardíamente el posgrado.

La oferta de posgrados de este subsector creció 363% entre 1980 y 1997 y lo hizo en los tres niveles. Creció tres veces más el número de programas de maestría, se abrió sustancialmente la oferta de especializaciones (50 en 1997 y uno en 1980); intensificó su participación en el doctorado, alcanzando la cifra de 22 programas. Este es el subsector que en mayor medida participa en el doctorado.

Ahora bien, las redes de este grupo de instituciones son diferentes en cuanto al alcance geográfico que tienen, misiones institucionales y modelos organizativos que las perfilan. Mencionaremos sólo algunos ejemplos que son, hasta cierto punto, representativos de los diferentes tipos de red que alberga este subsector. El caso más destacado es el del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (Sistema ITESM), la más extensa red institucional en el sistema educativo superior mexicano. A partir de su casa matriz, en Nuevo León, opera más de 25 pequeños campi en las ciudades capitales de los estados, en 14 de ellos se ofrecen estudios de posgrado.

Son varios los rasgos distintivos de la red ITESM: el primero es el uso extensivo que hace de la comunicación electrónica en la enseñanza; otro es que ofrece un buen número de programas cuya duración es variable, según las posibilidades de tiempo y dedicación de cada candidato. No obstante, el rasgo más destacado, por lo menos en licenciatura, es su peculiar estructuración curricular. La formación básica es ofrecida en los pequeños campi y la especializada –por lo general el tercer y cuarto año de una carrera– se imparte en el campus de mayor tamaño a donde se trasladan los estudiantes.

El ITESM concentra su actividad en un abanico no muy amplio de maestrías de corte profesional que se ofrecen en sus diferentes sedes: administración, finanzas, mercadotecnia, economía. En el área de ingeniería el paquete está constituido por ingeniería industrial, ambiental, sistemas de calidad y computacionales. Su participación en el área de humanidades está restringido a la maestría en educación, una de las que registran mayor demanda en el sistema superior. Al igual que las redes de otras instituciones, la oferta más amplia del ITESM se ubica en su sede principal de Nuevo León. Ahí, además, se ofrecen las únicas especializaciones con las que cuenta, todas establecidas en el área de ciencias de la salud. Ahí también se concentra su oferta de doctorado, con seis de los ocho doctorados que ofrece, concentrados en áreas similares a las de maestría, con la excepción de un programa en parasitología agrícola.

El caso ITESM es un ejemplo contrastante, mas no representativo de las redes. Hay otro grupo de instituciones que tienen gran presencia dentro del sistema pero cuyas redes abarcan un reducido número de sedes y programas. Mencionaremos sólo dos casos, ambos con un perfil muy parecido: La Universidad Iberoamericana (UIA) y la Universidad Lasalle (UL). Estas instituciones de origen religioso, una jesuita y otra lasallista, tienen una vocación más humanista. Su principal orientación es hacia campos de las Ciencias Sociales y las Humanidades: filosofía, historia, educación, aunque imparten algunos de los posgrados de mayor demanda, como administración. Estas redes han crecido en una geografía limitada: la sede principal se ubica en el Distrito Federal y las secundarias en entidades próximas. Sólo la UIA ha incursionado más lejos, con dos sedes en el norte del país, una en Baja California y otra en Coahuila. En el Distrito Federal se concentra la mayor oferta de cada institución, es esta infraestructura la que da soporte a los programas de doctorado. Ahí se ubican los siete programas con los que cuenta la UIA y los tres de la UL. Esta última tiene también en el Distrito Federal una escuela de especialidades en medicina, que goza de gran prestigio y reconocimiento.

Otro tipo de red está constituido por instituciones que buscan fortalecerse regionalmente con un reducido número de programas de especialización y maestría, predominantemente en administración, comercio y finanzas. Forma parte de este grupo la Universidad del Valle de Atemajac. Su sede principal está en el estado de Jalisco y la secundaria en Zamora, ciudad ubicada en los límites de aquél estado.

Los pequeños establecimientos privados. La notable proliferación de pequeños establecimientos con un número limitado de programas es otro de los rasgos sobresalientes de la expansión en el sector privado. Incluimos en este apartado tanto a las instituciones que se autodenominan universidades como a otro tipo de establecimientos privados (colegios, institutos, asociaciones, etcétera). En 1980, ambos subsectores sumaban sólo 10 instituciones y tenían una oferta de 19 programas. En 1997 eran 105 con 235 programas. El 35% de los estudiantes se ubicaban en estos establecimientos.

En estas instituciones, de manera más visible, la inversión está orientada hacia programas de bajo costo y variada calidad. No hay regulación ni controles. Responden a demandas específicas en el mercado de profesiones y funcionan como pequeñas establecimientos comerciales. Aquí es donde se observa la mayor inestabilidad de instituciones y programas, ya que todo depende de las fluctuaciones que experimenta el mercado del cual dependen. Son instituciones que viven exclusivamente de las colegiaturas. Hay sin embargo, algunas excepciones que mencionaremos más adelante.

El grueso de la oferta de estas instituciones se concentra en Ciencias Sociales y Administrativas (57%), entre especializaciones y maestrías en administración, comercio, finanzas y comunicación. Un 17% está centrado en programas de educación. De los diez doctorados que se ofrecen en estas “autodenominadas universidades” y en los “pequeños establecimientos”, la mitad son en educación. Participan escasamente en el área de ingeniería, y generalmente lo hace con programas en informática y computación. El área Agropecuaria y de Ciencias Naturales y Exactas no forma parte de la oferta de posgrado.

Ofrecen un buen número de especializaciones en Ciencias de la Salud, 45 programas, pero de éstos, tres cuartas partes constituyen la oferta de una sola institución ubicada en el DF.

En este sector no universitario se presenta un fenómeno muy singular. Ha surgido un buen número de instituciones que se dedican exclusivamente a ofrecer estudios de posgrado. En 1997 eran 47 de 162 pequeños establecimientos, es decir, un 29% en esta condición. Estas instituciones centran su actividad en áreas muy acotadas. A excepción de dos instituciones que ofrecen cinco programas, el resto ofrece de uno a tres. La mitad de las instituciones cuenta con un único programa de posgrado. Las áreas de mayor interés son: administración y finanzas; educación, docencia y desarrollo educativo; psicología, con programa de psicoterapia y psicoanálisis. De los 9,105 estudiantes registrados en los establecimientos del sector no universitario, 3,665 (40%) corresponden a establecimientos que sólo imparten estudios de posgrado.

Tanto el sector público como el privado cuentan con establecimientos dedicados sólo a los estudios de posgrado, pero los motivos y misiones son diferentes: en el sector público el modelo de posgrado de este tipo de instituciones está orientado hacia la investigación, mientras que en el sector privado, tiene un carácter más bien profesional. Una idea más general es que el sector privado ha generado ciertos campos de excelencia en su quehacer, pero por lo general lo ha hecho en campos rentables desde el punto de vista de los clientes y del costo institucional, en tanto que las instituciones públicas han desarrollado programas que requieren de una inversión más costosa: las Ciencias Naturales y Exactas, Ingeniería y Tecnología, y la investigación básica y aplicada.

Quizá a esto se deba, en parte, el que los estudiosos del sector privado destaquen como rasgo sobresaliente de la expansión del posgrado privado, la apertura de este sector a los cursos de educación continua dirigidos a profesionistas en ejercicio (Mendoza, 1998). Podemos suponer que una de las vías fueron los programas ofrecidos en los pequeños establecimientos privados, pero también participaron las grandes instituciones. Algunas de las más destacadas, como el ITESM o el ITAM abrieron un importante campo de educación continua con la creación de una vasta oferta en el campo de los diplomados17. Son pequeños paquetes de cursos especializados sobre áreas temáticas específicas; por lo general son de corta duración y se estructuran de tal manera que el profesionista en activo pueda tomarlos en diversos horarios o los fines de semana. El certificado no alcanza a tener el valor de un grado, pero sí avala la actualización adquirida, lo cual pesa de manera importante en algunos mercados ocupacionales.

Estas grandes instituciones tienen claramente deslindada la oferta de diplomados de los programas de posgrado. Ahí los diplomados forman parte de unidades de extensión académica y son administrados separadamente del posgrado. También hay instituciones donde dicha demarcación no es tan clara e incluso se confunde con las especializaciones. No hay datos suficientes para corroborar esto, pero podemos inferirlo de la propensión de algunos establecimientos a ofrecer una gran cantidad de programas de especialización de corta duración.

Cuadro II.6
Títulos de posgrado por nivel e intervalos de duración, 1997. México


Duración Especialización Maestría Doctorado Total
Número de Programas % Número de Programas % Número de Programas % Número de Programas %
Menos de 1 y hasta 1.5 años 319 36.5 200 13.1 23 7.7 542 20.0
Más de 1.5 y hasta 2 años 185 21.2 842 55.0 85 28.4 1,112 41.1
Más de 2 y hasta 3 años 151 17.3 144 9.4 135 45.2 430 15.9
Más de 3 y hasta 4 años 62 7.1 12 0.8 13 4.3 87 3.2
Más de 4 y hasta 5 años 2 0.2 1 0.1 1 0.3 4 0.1
En créditos o materias 4 0.5 20 1.3 1 0.3 25 0.9
No disponible 151 17.3 313 20.4 41 13.7 505 18.7
Total 874 100 1,532 100 299 100 2,705 100

Como podemos observar en el Cuadro II.6, con la reserva propia de la elevada proporción de información no disponible, los programas de especialización tienden a concentrarse en los intervalos de menor duración, en tanto que el grueso de los programas de maestría y doctorado se ubican en los intervalos de 1.5 a tres años de duración. Esto parece ser lo esperable. Lo que llama la atención es la cantidad de programas que se ubican en el primer intervalo: de los 319 programas de especialización no sabemos cuántos en realidad son diplomados encubiertos. Pero algo similar ocurre en el lindero entre las especializaciones y las maestrías. Hay, además, 23 doctorados con una duración igual o menor a 1.5 años. Habría que analizar los programas en particular para poder establecer con certeza el perfil al que corresponden.

La cobertura geográfica del posgrado

Si hubiera algo que enfatizar del crecimiento que experimentó el posgrado en las dos últimas décadas es el haber extendido la oferta a todas la entidades del país. En 1980 el 69% de los programas de posgrado se ofrecían sólo en dos lugares: el Distrito Federal (54%) y Nuevo León, en el norte del país (15%). Para entonces, apenas ocho estados habían empezado a desarrollar el posgrado, aunque lo hacían en forma aún incipiente: salvo Jalisco, que ofrecía 50 programas, las demás entidades tenían una oferta que variaba de 15 a 32 programas (Cuadro II.7).

Cuadro II.7
Número de programas de posgrado por entidad federativa, 1980 y 1997. México


  1980 1997
No. de programas % No. de programas %
Total Nacional 697 100.0 2,705 100.0
Más de 100 programas en 1997:
Distrito Federal
Nuevo León
México
Jalisco
Puebla
Chihuahua
376
102
32
50
11
16
53.9
14.6
4.6
7.2
1.6
2.3
685
228
200
191
151
102
25.3
8.4
7.4
7.1
5.6
3.8
De 61 a 100 programas en 1997:
Veracruz
Baja California
Guanajuato
Coahuila
Yucatán
Tamaulipas
Sinaloa
21
4
15
17
5
18
1
3.0
0.6
2.2
2.4
0.7
2.6
0.1
97
86
84
79
71
70
66
3.6
3.2
3.1
2.9
2.6
2.6
2.4
De 31 a 60 programas en 1997:
San Luis Potosí
Michoacán
Querétaro
Morelos
Sonora
Aguascalientes
Durango
Colima
Oaxaca
3
4
4
2
5
1
2

1
0.4
0.6
0.6
0.3
0.7
0.1
0.3

0.1
53
51
49
49
46
43
39
38
34
2.0
1.9
1.8
1.8
1.7
1.6
1.4
1.4
1.3
Menos de 30 programas en 1997:
Hidalgo
Zacatecas
Tlaxcala
Nayarit
Tabasco
Chiapas
Campeche
Guerrero
Baja California Sur
Quintana Roo




3


2
2




0.4


0.3
0.3
29
25
24
23
22
22
20
16
10
2
1.1
0.9
0.9
0.9
0.8
0.8
0.7
0.6
0.4
0.1

Empezaban a despegar en el campo del posgrado tres estados de la frontera con Estados Unidos: Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas, región cuyo sistemático desarrollo la ha llevado a poseer una diversificada infraestructura educativa. Los otros estados eran Estado de México, Guanajuato, Puebla y Veracruz, que junto con Jalisco, impulsaban el desarrollo del posgrado en la región central del país.

En el extremo de desarrollo más precario se encontraban 22 estados. En 14 de ellos la oferta variaba de uno a cinco programas y en ocho estados ni siquiera se ofrecía. Los estados más pobres, con altos porcentajes de población rural y de analfabetismo caen en este último grupo: Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Guerrero (casi todo el sureste del país) algunos estados de la parte central: Hidalgo, Zacatecas y Tlaxcala, además de Nayarit, en el Pacífico.

En 1997 el posgrado se ofrecía en todas las entidades del país. Aunque el Distrito Federal y Nuevo León seguían concentrando la mayor parte de la oferta, su participación se había reducido significativamente con la participación de las aquellas entidades que multiplicaron con creces el número de programas ofrecidos en 1980.

Los estados que en 1980 empezaron con unos cuantos programas, incrementaron su oferta. En cada estado se ofrecían de 31 a 60 programas. También incursionaron en el posgrado los estados con menor desarrollo, con ofertas que fluctuaron entre los diez y los 30 programas, aunque podemos observar que las inequidades persistieron. Los estados de más pobre infraestructura en el posgrado fueron los mismos que en 1980.

Su principal oferta estuvo concentrada en dos áreas: Ciencias Sociales y Administrativas, y Educación. En casi todas estas entidades se ofrecen posgrados en Ciencias de la Salud. En Ingeniería la reducida oferta está centrada en ingeniería en computación y en ingeniería hidráulica.

En cuanto a la relación público/privado es indiscutible el sustancial aumento en la participación del sector privado en el posgrado. Hay mayor presencia de este sector en el país, pero no está distribuida uniformemente en los estados (Cuadro II.8)

Los estados en los cuales la participación privada en el posgrado representa casi la mitad de la oferta son Hidalgo y Puebla. El primero registra una pequeña oferta de posgrados, 29 programas y son únicamente tres las instituciones que participan en este nivel: la universidad pública del estado, una sede del ITESM y otra de la Universidad La Salle. El reducido número de instituciones, pocos programas y menos de 300 alumnos atendidos, ayuda a explicar ese aparente dinamismo del sector privado en uno de los estados más pobres del país. Hidalgo tiene una población rural superior al 50%; el 20.6% de la población de 15 años y más no sabe leer ni escribir y el acceso a la educación superior del grupo de 20-24 años es únicamente del 5.4%.

Puebla es un estado con fuertes contrastes sociales. Ha pasado rápidamente de una condición precaria a un diversificado sistema educativo superior. Su oferta de posgrado es elevada, en 1997 registraba 151 programas. Cuenta con un elevado porcentaje de acceso a la educación superior del 25%. En el otro extremo se observa un estado con una tercera parte de su población que es rural y un elevado índice de analfabetismo.

En ocho estados, además del Distrito Federal, la participación privada es superior al 25%: en 13 es inferior al 25% y aún hay estados donde el peso del posgrado está exclusivamente a cargo del sector público. La educación superior privada se ha mantenido al margen en los estados más pobres. Los estados donde sólo participa el sector público responden en su gran mayoría a un perfil de baja participación en el PIB, población rural y analfabetismo elevados y bajo acceso a la educación superior. La excepción es el estado de Quintana Roo, que se incorporó tardíamente al posgrado y sólo cuenta con dos programas de posgrado privados que iniciaron en 1997.

Cuadro II.8
Número de programas de posgrado y participación porcentual por sector y entidad, 1997. México


  Sector Público % Sector Privado % Total
Total Nacional
Hidalgo
Puebla
Nuevo León
Jalisco
Guanajuato
Durango
Tamaulipas
México
Distrito Federal
Coahuila
Baja California
Chihuahua
Michoacán
Sinaloa
Veracruz
Sonora
Querétaro
Zacatecas
Oaxaca
Yucatán
Morelos
Aguascalientes
Nayarit
San Luis Potosí
Baja California Sur
Campeche
Colima
Chiapas
Guerrero
Tabasco
Tlaxcala
Quintana Roo
2,010
15
80
143
120
56
26
48
142
502
58
64
77
39
53
79
39
43
22
30
63
45
41
22
51
10
20
38
22
16
22
24
74.3
51.7
53.0
62.7
62.8
66.7
66.7
68.6
71.0
73.3
73.4
74.4
75.5
76.5
80.3
81.4
84.8
87.8
88.0
88.2
88.7
91.8
95.3
95.7
96.2
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
695
14
71
85
71
28
13
22
58
183
21
22
25
12
13
18
7
6
3
4
8
4
2
1
2







2
25.7
48.3
47.0
37.3
37.2
33.3
33.3
31.4
29.0
26.7
26.6
25.6
24.5
23.5
19.7
18.6
15.2
12.2
12.0
11.8
11.3
8.2
4.7
4.3
3.8







100.0
2,705
29
151
228
191
84
39
70
200
685
79
86
102
51
66
97
46
49
25
34
71
49
43
23
53
10
20
38
22
16
22
24
2

El impacto de la expansión en las áreas del conocimiento

Uno de los problemas aún sin resolver desde los años de expansión es el de la concentración excesiva de la población estudiantil en algunas áreas y programas de corte tradicional (Kent et al., 1999). Hace más de una década, en 1986, en el Programa Integral para el Desarrollo de la Educación Superior (PROIDES), se reconocía esta grave situación. Se definió como un asunto prioritario el impulso de áreas consideradas estratégicas para el desarrollo del país. Se habló entonces de promover el crecimiento en algunas áreas y de contenerlo en otras. Se propuso estimular el crecimiento en las áreas de Ciencias Naturales y Exactas (hasta que alcanzara el 6% en 1990); en Humanidades (al 5%), en Ingeniería y Tecnología (al 35%). También proponía no aumentar las cuotas de primer ingreso prevalecientes en derecho, contaduría y administración. Asimismo, se insistía en mantener la disminución de la matrícula en medicina y odontología, cuyo crecimiento había sido vertiginoso hasta mediados de los años setenta18.

Cuadro II.9
Matrícula y número de programas de posgrado por área académica, 1980 y 1997. México


Áreas del conocimiento 1980 1997
Número de programas % Matrícula % Número de programas % Matrícula %
Ciencias Agropecuarias 43 6.2 614 2.5 165 6.1 1,996 2.3
Ciencias de la Salud 183 26.3 6,160 25.3 627 23.2 14,905 17.3
Ciencias Naturales y Exactas 90 12.9 1,741 7.2 249 9.2 4,983 5.8
Ciencias Sociales y Administrativas 202 29.0 10,175 41.9 839 31.0 37,011 42.9
Educación y Humanidades 53 7.6 1,702 7.0 371 13.7 15,258 17.7
Ingeniería y Tecnología 126 18.1 3,921 16.1 454 16.8 12,065 14.0
Total 697 100 24,313 100 2,705 100 86,218 100

Los efectos de la expansión no regulada de licenciatura constituía el centro de las preocupaciones en el PROIDES, no el posgrado. Sin embargo, como podemos observar en el Cuadro II.9, hubo también áreas del posgrado que crecieron sin regulación. El área de mayor crecimiento fue la de Ciencias Sociales y Administrativas. En 1997 esta área concentraba el 31% de los programas de posgrado y el 43% de la matrícula nacional. Le siguió Educación y Humanidades. El auge que ha tenido la expansión de los programas en educación, pedagogía, docencia, etcétera, rebasó con mucho las previsiones de crecimiento del PROIDES; ahí se hablaba de un 6%; en 1997 los programas representaban el 13.7 y la matrícula un 18%. En años recientes, la expansión de esta área ha llevado al establecimiento de un lineamiento especial en el Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP). De este programa se hablará más adelante.

El área de Ingeniería y Tecnología, a diferencia de las anteriores, está lejos de alcanzar el 35% propuesto en el PROIDES, no obstante su importante crecimiento en términos absolutos. Otra área, la de Ciencias Naturales y Exactas, permanece en la línea de participación prevista, con un 6% de la matrícula. Una de las áreas que disminuyó su participación relativa fue la de Ciencias de la Salud: en 1980 albergaba al 25% de la matrícula, en 1997 al 17%. En términos absolutos, sin embargo, la matrícula pasó de seis a 15 mil estudiantes aproximadamente.

Hay ciertos rasgos de la orientación de la demanda que se ratificaron en el posgrado. La concentración de la matrícula muestra el peso que han tenido las estructuras típicas del nivel licenciatura, con su orientación profesional, en el desarrollo de una buena cantidad de programas de posgrado. La filosofía heredada de la expansión en licenciatura y la evolución propia de las instituciones conformaron un modelo predominante en el posgrado. Veamos cuál fue su desenvolvimiento en el área de Ciencias Sociales.

El posgrado en Ciencias Sociales

Una primer señalamiento que hay que hacer es respecto de la ubicación de los programas de Ciencias Sociales en las clasificaciones comúnmente empleadas en el estudio de la educación superior mexicana. Aquellos forman parte de un área más amplia, la de Ciencias Sociales y Administrativas, que abarca posgrados con una orientación claramente académica y otros marcadamente profesionales, como veremos más adelante. A continuación haremos constante referencia a los datos contenidos en los cuadros II.10 (número de programas), II.11 (matrícula) y II.12 (distribución porcentual) por subárea y nivel, en 1980 y 1997.

Al observar las cifras del total de programas por subáreas, destaca la importante expansión que experimentó la oferta de posgrados en cuatro subáreas: administración, derecho, impuestos y finanzas, además de psicología. Este es un primer dato de la tendencia multiplicadora de posgrados con una orientación profesional. Administración ha sido sin duda, la subárea más atendida por todos los sectores. Concentra casi un tercio de la oferta y la mitad de la matrícula del área. Junto con las otras tres subáreas concentran cuatro quintas partes de la oferta y de la población estudiantil del área. El restante 20% queda distribuido en otras 15 subáreas.

El desarrollo de estas subáreas descansa fundamentalmente en las especializaciones y maestrías, poco incursionan en el doctorado. Administración descansa en un 92% en la oferta de maestría, con 211 programas en 1997. En dicho año contaba también con 52 programas de especialización y seis doctorados. De estos últimos, cuatro se ubicaban en el DF y dos en los estados, cuatro en universidades públicas y los dos restantes en el ITESM (DF y Nuevo León), institución que es reconocida por sus congéneres del ámbito latinoamericano, por su liderazgo en este campo.

Impuesto y finanzas tiene una oferta que descansa por igual en especializaciones y maestrías. Ofrece sólo un doctorado en una universidad pública no metropolitana. Psicología tiene una oferta recargada en las maestrías (80 programas). Ofrece especializaciones y un reducido número de programas de doctorado, impartidos en cuatro instituciones, dos universidades públicas y dos privadas. La subárea de derecho aun cuando también centra su oferta en las maestrías, casi un 30% de los programas son de especialización y siete de doctorado. Es interesante el fenómeno de desconcentración de la oferta que se registra en este nivel. Son instituciones públicas y privadas las que ofrecen el doctorado y además lo hacen en entidades diferentes, además del DF.

Hay subáreas, como biblioteconomía, relaciones industriales y turismo, donde el posgrado está exclusivamente dedicado a las maestrías. Otras, como contaduría y ciencias de la comunicación predominantemente se dedican a ofrecer maestrías, pero tienen un relativamente bajo porcentaje de programas de especialización (15% aproximadamente). No sorprende que las subáreas de mercadotecnia y publicidad inviertan esta relación, dedicando la mayor parte de sus recursos al ofrecimiento de programas de especialización y un porcentaje menor a las maestrías (cerca del 30%).

Resultan evidentes las subáreas cuya orientación es más bien disciplinaria y académica: antropología y arqueología, ciencias políticas, ciencias sociales, economía y desarrollo, estudios latinoamericanos, geografía y relaciones internacionales. Su oferta está articulada en torno a los niveles de maestría y doctorado, no ofrecen especialización. Los programas de este nivel que se registran en Ciencias Sociales son en trabajo social y otro en estudios judáicos.

Este primer acercamiento a los posgrados del área, ayuda a identificar en qué subáreas se ubican los programas de corte académico, pero no podemos asegurar con estos datos gruesos, que efectivamente lo sean. Para ello habrá que explorar las características de cada uno de los programas, su misión, población a la que se orientan, formas de gestión, financiamiento, estructuras organizativas en las que se encuentran inmersos, etcétera. Estas subáreas que identificamos como académicas representan la quinta parte de la oferta de posgrado del área, con 174 programas, por lo general, albergan a poblaciones de menor tamaño que las captadas por administración o derecho. En 1997 la presencia cuantitativa de estos subsectores fue del 12% de la población del área.

Economía y desarrollo es una de las subáreas que ha experimentado mayor crecimiento. Le ha seguido de cerca la subárea de ciencias sociales. Ambas han impulsado la creación de numerosos programas de posgrado relacionados con temas o enfoques de interés actual: el desarrollo de las regiones, las dinámicas poblacionales, la relación rural-urbana, y más recientemente, cultura y desarrollo de las organizaciones, hasta poco tiempo vinculada exclusivamente al campo de la administración.

Si observamos la participación de los diferentes sectores en el desarrollo de esta área, encontramos algunos rasgos que importa destacar:

  • Por parte del sector público, fue el sector universitario el que alimentó la abrumadora expansión del posgrado, ahí se concentró el 70% de la oferta pública. Los programas se multiplicaron en la mayor parte de las 19 subáreas que constituyen el campo de las Ciencias Sociales y Administrativas, con acentuado énfasis en las subáreas de carácter profesional.

  • En el sector público se diversificó la participación institucional en áreas con fuerte inclinación académica: economía y desarrollo, ciencias sociales, ciencias políticas y antropología. Ello se debió fundamentalmente a la participación de algunas instituciones del Sistema SEP-CONACyT. Esta participación, pequeña en términos absolutos, es relevante por el impulso que ha dado a un modelo de posgrado orientado a la investigación, en un ámbito externo al de las universidades, articulado por el vínculo enseñanza-docencia-investigación, y sin el peso de las estructuras organizativas características del sector universitario. También participaron instituciones como el IPN, el Colegio de Posgraduados y algunos institutos tecnológicos con un número reducido de programas.

  • En el sector privado, la expansión de los posgrados del área fue alimentada por todos los subsectores que lo componen: aquí es aún más claro el interés de las instituciones en los posgrados profesionales. Las cuatro subáreas que mencionamos arriba concentraban más del 80% de los programas. También este sector registró una importante participación en la subárea de economía y desarrollo, pero a diferencia del sector público, ha sido muy pobre su incursión en posgrados de corte académico. Salvo algunas excepciones en el sector, como la UIA, el ITAM, la Universidad La Salle, la infraestructura de soporte de los posgrados académicos sigue siendo predominantemente pública.

Conclusiones

De lo visto hasta ahora podemos decir que durante la expansión del cuarto nivel se desarrollaron tres principales tipos de posgrado: los profesionales, que por lo general son autofinanciables o generadores de importantes recursos propios (contaduría, derecho, administración, educación), posgrados con cierta orientación académica (intermedios) que dependen principalmente de recursos institucionales para su operación (sociales, humanidades) y los posgrados con una orientación declarada hacia la investigación, con el consiguiente acento en el doctorado (el modelo establecido en el padrón de CONACyT).

El posgrado representa un reto estructural complejo para las instituciones mexicanas, especialmente las universitarias, reto que no siempre es de sencilla resolución y que en los hechos ha venido admitiendo salidas diversas. En nuestro sistema de educación superior, históricamente ceñido a los valores y estructuras típicas del nivel de licenciatura y su orientación profesional, el movimiento hacia el posgrado ha tenido que bregar contra la tentación de simplemente extender la experiencia de la licenciatura hacia el cuarto nivel.

Por otra parte, la investigación marcha a contrapelo, o mejor dicho en los márgenes de la historia universitaria mexicana. Incluso ahí donde existe una tradición de investigación científica, en las universidades más grandes o consolidadas es visible la herencia europea de desvincular la investigación de la enseñanza. La expansión del posgrado y, particularmente, el impulso reciente al modelo ligado a la investigación han venido a poner en cuestión tendencias de antaño, abriendo nuevos desafíos para la organización académica y la gestión en las universidades mexicanas.

A esto se suma el que la investigación se empieza a encontrar con la docencia. La apertura de posgrados en los institutos ha agregado la docencia a la investigación, pero también ha ocurrido al revés; la introducción de posgrados en las facultades ha llevado, por lo menos en papel, a la necesidad de la investigación. Lo importante es que la expansión del posgrado lleva a replantear la separación tradicional entre unidades de docencia en licenciatura e institutos de investigación, tras la introducción de posgrados en ambos ámbitos.

La diversidad real que se observa en la expansión del posgrado, ha tenido un origen que no es sólo el de las políticas gubernamentales. Al peso que han tenido las estructuras institucionales en el desarrollo del posgrado podemos agregar también el impulso derivado de la competencia. En la lucha por el estatus encontramos fuertes motivaciones para la acción institucional. Los patrones de prestigio han cambiado singularmente en las últimas dos décadas en la educación superior mexicana: ha habido una fuerte dinámica de transferencia y competencia de distinción entre instituciones públicas y privadas, entre instituciones privadas de tipo universitario y escuelas privadas consideradas de menor alcance académico19, y por supuesto entre escuelas profesionales y establecimientos dedicados a la investigación.

En el panorama actual del posgrado, existe una gran diversidad de misiones y formas de organización que no pueden considerarse un capítulo cerrado, especialmente para las políticas. Una preocupación que motorizó inicialmente el diseño de las formas vigentes de evaluación del posgrado en México, de las cuales se hablará en el siguiente capítulo, fue el resultado de la caótica experiencia de expansión no regulada de la educación superior mexicana en las décadas de los setenta y ochenta: frente a una diversidad percibida como problemática, la reacción fue fijar para los años noventa estándares de excelencia.

Este viraje ha tenido un impacto importante en las definiciones y estrategias institucionales, pero también ha planteado nuevos desafíos. El parámetro básico de calidad en las políticas gubernamentales para el posgrado ha sido la excelencia centrada en la producción original del conocimiento, tomada de la idea de research university. Este modelo de excelencia, propuesto frente a una evolución real del posgrado que en su mayor parte ha ocurrido por otras vías y con orientaciones diferentes, releva el debate sobre la legitimidad y necesidad de validar misiones diversas20: ¿Cómo crear una diversidad de formas de excelencia válidas para el posgrado tanto para la maestría como el doctorado, con diferentes funciones sociales y académicas?21.


Notas

1 La UIA es una de las primeras instituciones privadas de educación superior en el país. Promovida por la Compañía de Jesús y con una profunda vocación humanista, la UIA es fundada en 1943, con el apoyo de la UNAM, la cual dio cabida al Centro Cultural Universitario, antecedente inmediato de aquella universidad.

2 Entre 1970-1985 se abrieron en promedio casi 13 puestos académicos cada 24 horas. Gil, Manuel et al., (1994, p. 60).

3 Después de 1982, el gasto del gobierno federal registró reducciones de manera casi continua hasta el final de la década: de 284,897 millones de pesos (pesos constantes de 1993) que constituyeron el gasto programado por el gobierno federal en 1981, cayó a 165,927 millones en 1989. El impacto de estas reducciones también se reflejaron en el sector educativo: de 36,170 millones de pesos constantes que constituyeron el gasto en educación en 1982, se llegó a 25,168 millones de pesos constantes en 1989.

4 Programa de Apoyo a la Ciencia en México, fórmula rectora para la reforma del CONACyT desde 1990.

5 Para una revisión de las políticas federales hacia el posgrado, véase Mario González Rubí, La Modernización del Posgrado en México, 1985-1995, Tesis de Maestría en Sociología Política, Instituto Mora, México, 1996.

6 Superación del Profesorado y Programa de Mejoramiento del Profesorado, promovido por la Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica de la SEP. Con el primer programa, administrado por la ANUIES, se buscó impulsar el acceso al posgrado de profesores que por su edad y condición institucional no pudieran acceder a las becas de posgrado en CONACyT.

7 En la información considerada no se incluyen los datos de posgrado de las escuelas normales; en 1997 había 1,478 estudiantes en este subsector.

8 Bajo la figura de las UT se establece también una clara diferenciación respecto de las formas de organización y financiamiento de los institutos tecnológicos. La coordinación académica de éstos se da por la vía de la Subsecretaría de Educación e Investigación Tecnológica (SEIT) de la Secretaría de Educación Pública, en tanto que las UT son organismos descentralizados de los estados que funcionan con patronatos en los que participan tanto los directivos de las instituciones como representantes empresariales de la región donde se ubican.

9 Quizá esto se encuentre asociado al comportamiento que experimentó la demanda en el nivel de licenciatura. A finales de los setenta, la UNAM inició una sistemática disminución de la demanda en las carreras de esta área, después de haber sido una de las más impactadas por la expansión durante los años sesenta y primera parte de los setenta.

10 En ciencia y tecnología de polímeros, por ejemplo, se diseñó un programa en el que participan las universidades autónomas de Coahuila, Nuevo León y el Centro de Investigación en Química Aplicada; en ciencias pecuarias la U. de Colima, la U. de Guadalajara y la U. Autónoma de Aguascalientes; en procesos biotecnológicos la U. de Guanajuato y el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño de Jalisco; la maestría en Inteligencia Artificial diseñado por la U. Veracruzana y el Laboratorio Nacional de Informática Avanzada, Ciencias Sociales, Educación, de forma interinstitucional en la U. Autónoma de Aguascalientes.

11 La génesis de varias de estas instituciones es anterior a la creación del Sistema SEP-CONACyT, pero reciben apoyos especiales a partir de su incorporación al mismo. Algunas de las instituciones miembro cuentan además con unidades o subsedes en diferentes ciudades, con lo cual se incrementa la presencia del Sistema SEP-CONACyT a 37 poblaciones. En el área de Ciencias Sociales y Humanidades están incluidas nueve instituciones: Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), El Colegio de la Frontera Norte (COLEF), El Colegio de México (COLMEX), El Colegio de Michoacán (COLMICH), El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), el Instituto de Investigaciones José Ma. Luis Mora (MORA) y el Centro de Investigación Científica “Ing. Jorge L. Tamayo” (TAMAYO).

12 En el siguiente capítulo se abordará este tema.

13 Uno de los primeros problemas para diferenciar a las instituciones privadas es su denominación. Existen numerosos establecimientos autodenominados universidades que son en realidad pequeñas instituciones de enseñanza, con pobre infraestructura académica; otros que más realistamente se llaman a sí mismos colegios, institutos o escuelas. Otros se denominan institutos tecnológicos, pero su estructura en realidad corresponde a la de una universidad. Claudio de Moura y Daniel Levy (1997) señalan que esta discordancia entre las misiones proclamadas y los modos reales de operar es un problema extendido a las instituciones de educación superior latinoamericanas.

14 Una característica del sistema educativo mexicano es que la investigación ha sido predominantemente pública y hasta hace poco tiempo, básicamente universitaria. La participación de las instituciones privadas en la investigación es un fenómeno reciente que abarca a muy pocas instituciones y líneas de investigación. Esto se refleja, en parte, en la aún tímida incursión en el doctorado.

15 Daniel Levy realizó un importante estudio sobre los rasgos del sector educativo superior privado en diferentes países latinoamericanos, entre ellos México. Hace un interesante análisis de los vínculos académicos, económicos, políticos e incluso ideológicos de muchas de estas instituciones. En el caso de la UAG, ésta ha sido una de las principales formadoras de élites en el campo de la medicina. Tan reconocida es que ahí se forma un importante número de médicos extranjeros, principalmente estadounidense. Ver La educación superior y el Estado en Latinoamérica. Desafíos privados al predominio público, México, CESU/FLACSO/Miguel Angel Porrúa, 1995.

16 Forman parte de este subsector: Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Universidad Lasalle (UL), Universidad Iberoamericana (UIA), Universidad Anáhuac (UA), Universidad de Las Américas (UDLA), Universidad Panamericana (UP), Universidad del Valle de México (UVM), Universidad Cuauhtémoc (UC) y Universidad de Valle de Atemajac (UVA).

17 Tan sólo el ITAM ofrece 90 diplomados institucionales, con duración de 165 a 300 horas de clase, además de un buen número de diplomados automatizados y de cursos especiales a petición de empresas y organismos. El ITESM tiene una oferta igualmente amplia, además de la universidad virtual, proyecto en el que pretende ofrecer diversas opciones formativas y de actualización por medios electrónicos.

18 ANUIES, Programa Integral para el Desarrollo de la Educación Superior, 1986. Ver pp. 68-100.

19 Véase el intento de la Federación de Instituciones Particulares Mexicanas de Educación Superior (FIMPES) por establecer una “marca de distinción” entre universidades que clasifica como de alta calidad y las instituciones que no cumplirían con este estándar. Para una revisión breve del contexto de esta dinámica, véase R. Kent y R. Ramírez, “Private Higher Education in Mexico: An Interpretation of Growth and Differentiation with Implications for Policy” (en prensa), en Phillip Altbach, ed., International Private Higher Education, Garland Press, E.U.A.

20 Véase Clifton Conrad et al., (1993). A Silent Success: Master’s Education in the United States, Baltimore: Johns Hopkins University Press.

21 Al respecto, es de indudable importancia el estudio del finado Charles Boyer (1995), Scholarship Reconsidered, Carnegie Foundation for the Advancement of Teaching, que desarrolla un argumento sólido a favor de una escala diversa en lo que podemos definir como “calidad académica”.


navegación Índice Índice Capítulo I